La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.(George Orwell)


BLOG DE PERIODISMO URGENTE



viernes, 9 de octubre de 2015

EL IBI, EL IVA

Qué rápido se leen los acrónimos que titulan esta columna y cuánto cuesta pagarlos. Y no sé por cuál de ellos empezar. Pagar el IBI se ha convertido en los últimos tiempos en una pesadilla tal que cada familia tiene que hacer una provisión de fondos a lo largo del año, como en los juzgados, porque si no es imposible enfrentarse a un recibo tan costoso de golpe. Y eso que algunos ayuntamientos ofrecen un 5% de descuento por pronto pago, como hacen con algunas empresas. Pero no somos empresas. Somos ciudadanos que no podemos soportar el gasto municipal en el que se metieron los ayuntamientos en la bonanza y por el que ahora nos sangran.
Seguro que muchos no tienen la suerte de que les bajen el IBI al mínimo legal, como ha hecho el municipio espñaol de Las Rozas, por otra parte uno de los más saneados de España.
¿Y el IVA? Ese impuesto también lo pagamos todos, a cada paso que damos, ya sea por comprar un libro, ir de excursión, al cine o adquirir un vehículo. ¿Qué ocurre? Que casi no vamos, que casi no compramos.
Así las cosas no queda otra que consumir menos o que los políticos nos den pequeñas soluciones. Yo les compro una, aunque haya que pagar con IVA: la iniciativa de varios municipios del oeste de Madrid, encabezados por Brunete que pondrán en común sus servicios de ocio, cultura y deporte para que una mancomunidad de vecinos pueda disfrutar de ellos y de paso aprovechar mejor los recursos y que ningún ayuntamiento se endeude para hacer una piscina y luego me la meta (con perdón) iva incluida, en todo el IBI.

jueves, 11 de abril de 2013

Alumnos "Motis"



Estamos en la recta final del curso académico, aunque parezca mentira. Y eso vale para mayores y pequeños. Está siendo un año duro en el que muchos ciudadanos pasan apuros hasta para pagar los gastos escolares por barata que sea, en ocasiones, la enseñanza. De hecho, muchos han tenido que emigrar devolviendo a España a épocas pasadas cuando nos íbamos a hacer "las Indias" en el siglo XIX o las "alemanias" en el XX.

La última estadística oficial refleja que son ya al menos 200.000 personas las que se han ido a otros países a buscarse la vida.

Pero aún saliendo al extranjero, no hay garantías de que nuestra nueva vida sea para mejor, por eso hay que salir lo más preparado posible. Nuestros hijos seguirán ese camino seguramente, por necesidad y porque es bueno cambiar de aires para saber cómo es el mundo y lo bien que se vive en España... o se vivía hasta hace unos años. Por eso procuro decirles a los míos que se preparen, que estudien y que desde pequeños disfruten con aquella asignatura que más les guste. Aprobar es importante pero mucho más ir descubriendo su propio camino. Estar motivado es importante.


Cuando oyen esa palabra: "motivado", mis hijos se miran entre ellos y se ríen, como si papá hubiera pronunciado la soga en casa del ahorcado. ¿Qué pasa?, les pregunto.


-Papá, en el cole ser un “moti” es lo peor.


-¿Ser un “Moti”?, les devuelvo la pregunta.


-Si, me dice el mayor. Cuando eres un “motivao” la gente se ríe de ti. Cuando levantas la mano, cuando haces un trabajo extra que ofrece el profe para subir nota o cuando te gusta algo de clase casi todo el mundo se burla.


-Supongo que es lo mismo que decíamos en mi época para los empollones- le respondo.


-No papá- continúa mi hijo. Esto es peor. Un empollón estudia y saca buenas notas, pero un “moti” es cuando tienes interés, cuando le preguntas algo al profe, cuando estás atento... ya sabes.


Así están las cosas en los colegios. Ser un alumno motivado es ser patético, ridículo. Supongo que cambiar esa dinámica es complicado pero no olvidemos que el grupo de los que no se esfuerzan, cuanto más numeroso sea, podrá elevar a la categoría de "popular" su propio fracaso y rebajar a la categoria de "patético" el éxito de unos pocos. Así es la condición humana, desde pequeños busca subterfugios para evitar las culpas.¿Y cómo explico yo eso a mis hijos?

Debo ir con cuidado. Porque ellos son los que están en ese mundo del aula, procurando no defraudarme ni defraudar a los de su grupo. A la dura tarea de prepararlos, incluso para poder trabajar fuera de España, debo añadir la de que en clase no se note mucho que la vida les interesa.

viernes, 21 de diciembre de 2012

DESP¡ERTA

     Hoy, 21 de diciembre de 2012 se cumple, según las cálculos mayas, un ciclo de la vida en la tierra que dará paso a una nueva época, a una era que, profecías aparte, parece inevitable para el hombre moderno. Es posible, sin embargo, que la crisis y la escasez de recursos nos esté llevando sin saberlo a un camino de esplendor, por una ruta que no podemos evitar, que nos atemoriza pero que nos hará mejores, más capaces de "poder con todo" (ése es el significado de OMNIA POSSUM) y con ése espíritu nació este blog en 2009.

Hoy también este sitio web cambia de ciclo, de pequeño ciclo: por fin supera las 11.000 entradas (gracias, lectores) y propone hablar de cosas nuevas, de lo que hay debajo de la verdad que se ve todos los días.

Por eso no es momento de escribir de política, ni de economía o de problemas sociales, sino de acercarnos al individuo, a su esencia, a su cuerpo y a su mente. Os invito a sentir la tierra que pisamos cada día, a sentir el Ahora, el momento, la sensación, la emoción. Os invito a correr descalzos por la tierra, por la hierba, por una playa o una montaña de invierno y llegar hasta la cima, a lo más alto, adonde el individuo no sabía que podía llegar con sus propias fuerzas. ¿Por qué esperar a que nos digan cuando llega una nueva era?, ¿por qué no empezar la nuestra, nuestro momento de cambio?

Omnia Possum estrena nueva etiqueta: DESP¡ERTA, dedicada al aspecto más desconocido de nuestra forma forma física, de nuestras relaciones personales o de nuestras emociones. Propondremos ejercicios divertidos y estrategias insospechadas para hacer de nosotros personas más seguras, más informadas, menos indolentes. Para mí es un reto, para vosotros sólo una invitación. Porque me hace ilusión renovarme, porque cambiar es lo más difícil y lo más sano.

jueves, 29 de noviembre de 2012

PÓLVORA SANITARIA

El conflicto sanitario que afecta a comunidades autónomas como la madrileña, especialmente  a los hospitales y centros de salud, ha sido siempre y en el fondo,  un asunto de compromiso.

Si los políticos del PP quieren que la gestión sea privada es porque la gestión pública sale más cara. ¿Por qué? Bien, ahora lo veremos pero seguro que todos tienen su razón:

El gestor público de lo público sabe que dispara con pólvora del rey y eso, a la larga, relaja su conducta y nos sale más caro a todos. Ése es el argumento del actual Gobierno de Madrid. Tiene su razón.

El gestor privado de lo público sabe que la administración estará más contenta cuanto más consiga ahorrar en gasto sanitario y eso supone que nos escatimen una radiografía. Ése es el argumento de la "marea blanca". También tiene su razón.

Pero ¿por qué el gestor público no puede hacerlo igual de bien que el privado? Quizá porque no está motivado. Porque va a cobrar lo mismo si le salen las cuentas como si no. El gestor privado sí tiene ese aliciente: cuanto mejor gestione, más gana por contrato. Por eso ahorra a toda costa en la pólvora sanitaria. Como si fuera suya.


Bien, he ahí el principio activo que mueve dos ideologías, la liberal y la social. Sin duda, la liberal acaba obteniendo beneficios y cuadrando cuentas pero no revierten en el ciudadano. Y de paso le demuestra a la social que cuando hay dinero por ganar, los números cuadran.

Pero en materia sanitaria pública creo que lo de menos son los beneficios. Basta con cuadrar las cuentas, que no es poco. Por eso, ¿no hay desde lo público una fórmula que incentive a su administrador para que no tenga que venir otro privado? Seguro que sí.

Como contribuyente, no me importaría recompensar de algún modo a los gestores sanitarios públicos, médicos, enfermeras/os y celadores, con tal de saber que si en consulta no me prescriben una resonancia no es por ahorrar costes sino porque realmente no la necesito.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Fiesta de difuntos

   
   La noche de Difuntos se ha convertido desde hace unos años en una fiesta anglosajona más que apuntar al calendario de celebraciones españolas. Máscaras, disfraces, sangre de bote y monstruos de la risa, corren por los portales de España como la pólvora. Y de la fiesta que tanto nos gusta hemos pasado a la macrofiesta como si de un fin de año se tratara.

Hemos dejado aparcado el respeto y recuerdo a los que nos faltan para convertirla en un desfile de zombies que aprovechan para beber alcohol y desmelenarse hasta el límite. Hasta ahí, todo bien o casi bien. Debemos aceptarlo porque no se puede evitar lo inevitable. Pero este año la tragedia ha ido mucho más allá del gamberrismo de los chavales que tiran huevos contra las casas y lanzan petardos a medianoche.



Este año hay que sumar varios muertos a la lista de los que recordamos en la madrugada del 1 de noviembre. Mientras escribo estas líneas varias familias lloran al menos a cuatro jóvenes que han muerto en el Telefónica Arena, víctimas de la fiesta llevada al éxtasis, al exceso de aforo o a la poca previsión de los organizadores.

Dimisiones políticas aparte, que siempre son oportunas, porque me recuerdan que siempre hay un último responsable, está claro que quien organizó la macrofiesta se ahorró todo lo que pudo en seguridad y personal: en sueldos, en dos palabras. Y esto irá a más porque la noche de difuntos es ya un clásico para consumir y que nos consuman.

Halloween ha dejado de ser un rato de ocio de niños que suben y bajan escaleras pidiendo chucherías por los portales para convertirse en un botellón más.

 

Es cierto que la crisis es motivo suficiente para olvidarse de ella por una noche y sacar los colmillos de plástico y las caretas de goma. Pero, ¿era necesario esa tragedia?, ¿es necesario salir a armar ruido y recorrer las calles ensuciando todo?, ¿es necesario celebrarlo hasta el límite de la consciencia a base de música infernal, pastillas y otras drogas?

 

Sin duda vivimos en un momento de tensión tan grande que cualquier excusa es buena para abrir la espita y soltar la presión que llevamos dentro. No podemos reprochárnoslo con la que está cayendo pero también es sano hacer una excursión de amigos por la montaña.

Si me dan a elegir entre truco o trato elijo trato: vosotros os divertís pero a cambio respetad mi tranquilidad, mi pueblo y mis calles. Quizá así el año que viene haya menos difuntos a los que recordar. ¿Hay paradoja semejante a la de morir celebrando una noche como esa?

miércoles, 25 de abril de 2012

Wert, a su terreno

"La intensidad de la propia transmisión de la educación en valores en el seno del núcleo familiar no puede sino resentirse del cambio en los roles familiares que la incorporación masiva de la mujer al trabajo fuera del hogar supone". 

Esta frase tan rebuscada y de estilo cuestionable viene a decir que nuestros hijos están cada vez peor educados porque la mujer ya no está en casa como antes. Lo malo de esto es que lo dice el actual ministro de Educación , José Ignacio Wert , en un libro titulado "Los españoles ante el cambio". Su tufillo nostálgico a la época del "Cuéntame" me desanima. O sea que la mujer, en casa, que si no luego los chavales salen como salen...

No creo que muchos miembros del gobierno piensen así, afortunadamente. Pero el espíritu de esa frase tan retorcida que parece querer ocultar (casi lo consigue) su mensaje, me recuerda a las sufragistas americanas que lucharon por lograr la mayoría de edad democrática en 1912. Entonces consiguieron ser casi iguales a los hombres, pero su lucha nació ya con la propia América, tal era su fuerza y sus ganas de ser tratadas igual que ellos, a principios del siglo XX. 

A nuestro ministro de Educación, 100 años después, en el siglo XXI, y con el que coincido en su visión sobre la cultura del esfuerzo, no me lo imaginaba añorando la melancólica imagen de una madre haciendo los deberes con sus hijos. No porque no esté de acuerdo con esa tierna foto, que la comparto, sino porque en dicha foto, la madre parece ser más imprescindible que los hijos o el padre.

Ministro, a estas alturas de la película, los deberes los hacemos papá y mamá, y ambos educamos en casa por igual y estará más con los niños quien pueda, no necesariamente ella. Hoy en día, no hay papeles definidos al respecto. Hay cosas que un hombre no puede hacer, porque  biológicamente es imposible pero más allá de la lactancia, creo que nosotros estamos preparados desde hace tiempo para ocupar ese lugar en su querida foto.

Ni la música ni la letra de lo dicho por Wert habrían gustado nada a Maude Malone la sufragista que interrumpía los mitines de la campañas electorales cantando con ironía el grito de guerra de los machistas sureños "Keep woman in her sphere" (La mujer, a su terreno).

Hoy termino este artículo con sus versos, porque no necesitan comentarios, sólo que alguien con  influencia en el mundo de la educación los lea:

"Tengo un vecino, uno de ésos de los que se encuentran tantos, que es un experto en debates y jamás cambia de opinión.
Le pregunté ¿Qué opina de los derechos de la mujer?
Y dijo con tono severo: sobre eso tengo las cosas muy claras:
-la mujer, a su terreno.
¿Que la mujer se quede en su terreno?
Muy bien, pero el país y el mundo entero también son su terreno"

 Letra: D. estabrook Música: Auld Lang Syne

jueves, 29 de marzo de 2012

Esta Huelga también es "una putada"

En septiembre de 2010, el líder de C.C.O.O. lamentaba tener que hacerle una huelga a los socialistas. Siete años tardaron en hacérsela. Entonces Fdez. Toxo dijo aquello de: "...esta huelga es una putada".
El PSOE tuvo su huelga y ahora le toca al PP. Al Gobierno de Zapatero se la hicieron por razones laborales de peso: los recortes y congelaciones salariales para demostrar a Europa que nos habíamos enterado ya de que había crisis. Al Partido Popular, se la hacen por si acaso. No han tardado ni 100 días en convocarla.


Es posible que las medidas de ajuste de la Reforma Laboral sean muy duras para los trabajadores. Estoy de acuerdo. También es posible que el mercado laboral empiece a reactivarse poco a poco. Es posible. ¿O negamos la mayor?. Yo le voy a dar un año para ver "brotes verdes". Se lo dimos a la exministra Salgado, ¿no?

Echo de menos nuevos mensajes sindicales:"Empléate a fondo" o "Renuévate"
Hay mucho que reprochar a los empresarios por aprovechar la tesitura para adelgazar sus plantillas, pero no soy empresario y desconozco los riesgos de empeñar mi patrimonio e incluso de pedir créditos para poder pagar indemnizaciones. Sólo tengo la experiencia de haber sido autónomo,  o sea, mi propio jefe y tiene tela.

Creo, igualmente, que los sindicatos tienen mucho que cambiar. Echo en falta nuevos mensajes que renueven el espíritu de sus afiliados y simpatizantes. Mensajes distintos a los de la revolución industrial, ¿se imaginan?: "Empléate a fondo, que no duden de tí". "Demuestra lo que vales". "Renuévate, cuanto más sabes, más vales".

No les oigo ni un consejo de estos. Nada sobre la necesidad de estimular el autoempleo, el valor del esfuerzo personal, perder el miedo a la movilidad, las ganas de emprender un negocio propio, el espíritu de cooperativismo entre varios trabajadores, las ganas de luchar "por", no "contra".


Al empresario le falta espíritu de joint venture, estamos muy lejos de ser una Start-up nation.

Estamos muy lejos de ser un país modelo de emprendedores como el Israel que narran Saúl Singer y Dan senor en su libro Start-up Nation, pero al menos podíamos incluir en el discurso de la crisis, la necesidad de mirarnos hacia dentro.

Podemos preguntarnos cuántos de nosotros ocupamos un poco de tiempo libre en mejorar, en aprender algún idioma, en interesarnos por ampliar conocimientos cercanos a nuestro sector. No sé, por si algún día el jefe ve que podemos dar más de nosotros mismos y nos incluye en la lista de promocionables, en vez de en la otra.

Gracias a los sindicatos por defender mis derechos y a la empresa por darme trabajo, pero para demostrar que lo merezco, hay cosas que debo mejorar de mí mismo.


jueves, 8 de marzo de 2012

ARTE ILEGAL

Está por todas partes. Es un cáncer asumido, permitido, alabado, a veces promovido y sobre todo, sufrido: es el arte ilegal por no llamarlo gamberrismo.
Es la evidencia de una educación que nos dieron y que seguimos dando. Me entristece cada día. Ya no me solivianto. Pero me duele ver esos trazos en los que hay rastros de una mano diestra pero digna de mejor causa.
En las paredes de mi casa, del colegio, del mercado, del ayuntamiento, del hospital, del juzgado, de la universidad, de una fábrica... y así hasta el infinito. Porque el cáncer del “graffiti” no se cura, sólo se previene.

Envuelto en  contracultura, desde poco antes de los años ochenta, los graffiteros inundan con su spray todo lo que quieren. No hay límites. Por tanto, no tenemos libertad para elegir dónde ver su obra. Nos la imponen. Siempre he pensado que la libertad no tiene dueño,  y si lo tiene no me gustaría conocerle.  La ley no se cumple contra ellos porque probablemente no exista.

Vivo en una ciudad moderna, cercana a Madrid, donde muchos lectores también lo sufren: Las Rozas es ejemplo de convivencia y eso es mérito de sus vecinos de su ayuntamiento que no puede contra la “metástasis grafítica”. “Arte ilegal” como les gusta llamarlo a los culpables. Porque son culpables, aunque no haya un juez que los condene. Ellos y los que no se ocuparon de educarles lo suficiente, los que no supieron encauzar su afición desmedida por la creación.

Sean o no artistas, antes que nada son mal educados. Como lo sería un actor interpretando su obra en mitad de un pleno municipal sin permiso; como lo sería un violinista que irrumpe tocando su instrumento en medio de un juicio por violación; como lo sería yo escribiendo estas líneas con rotulador negro en la primera página del Amadis de Gaula original.

El artista también puede ser una mala persona, un egoísta que ensucia las paredes. Me da tanta pena ver pintarrajeado el nuevo puente Puerta de Las Rozas que no he podido evitar dedicar esta columna al artista ilegal que ensució la base de su estructura. Ya es tarde para él. Nunca entenderá que lo que ha hecho es horrible para otro artista como él y si algún día lo entiende será tan tarde que otro encapuchado armado con un bote de color hará lo mismo, salvo que sus padres lo hayan educado. ¿Se imaginan qué bonito estaba ese puente de blanco? Prueben con el fotoshop. Usen la opción spray...







jueves, 23 de febrero de 2012

Acoso escolar ¿público o privado?

En estos últimos días he tenido noticia de dos casos de acoso escolar (ahora se llama mobbing, tanto da) que me han conmovido especialmente. Uno lo padeció una niña de nueve años, en un centro público de la Comunidad de Madrid. Después de las investigaciones pertinentes, la dirección del centro habló con los compañeros culpables de hostigar y marginar a la pequeña y notificó a sus padres la sanción correspondiente. Los acosadores tuvieron que asumir su castigo y que el resto de sus compañeros supieran de su conducta reprobable.

Es bueno que los alumnos de un centro sepan que no hay sitio para los que disfrutan haciendo sufrir a los demás, que no pueden ocultarse tras la máscara de la broma pesada. Porque los carnavales sólo son una vez al año. La familia de la niña estuvo a punto de plantearse la salida de la alumna del colegio público pero la rápida intervención de los educadores garantizó que a partir de ese momento las cosas volvieran a ser como antes del acoso.


El otro caso lo padeció un alumno de edad similar en un colegio privado. Los padres del menor tuvieron que conformarse con soportar el desplante de los niños acosadores, mas aún el de sus padres, que se negaban a aceptar que sus hijos hubieran acosado a la víctima y por si fuera poco la indolencia del centro educativo, como digo, privado.


¿Cómo es posible que ocurra esto?, fue mi primera pregunta al conocer sobre ambos casos. ¿Es que hay diferencia de trato ante el acoso entre un colegio público y otro privado?


Jamás tomaré estos casos como ejemplos validos para generalizar, pero alumnos, educadores, padres, y directores de colegio gratuitos o de pago deben tener en cuenta que el acoso escolar es intolerable siempre. Y que en el caso del colegio privado mucho me temo que pueden concurrir factores de empresa por encima de los puramente morales para evitar el escándalo.

Si en un centro privado se da un caso grave de acoso, los alumnos culpables deben ser sancionados si o si, aunque dicho caso debilite por unos días la buena imagen del colegio. Silenciar el mobbing escolar en beneficio de la fama de buen colegio es legitimar una práctica infame.



domingo, 22 de enero de 2012

TURISMO INTERIOR

 A pesar de la crisis, no voy a proponerles el turismo interior del alma. No, de momento. Estamos mal pero no tanto. Hay mucho por ver ahí fuera como para que gastemos nuestro tiempo libre en quedarnos todo el fin de semana meditando sobre el suelo con las piernas cruzadas haciendo aauuumm, como los yoguis.

Mi propuesta viene con la llegada de FITUR 2012 a Madrid y su amplia oferta ajustada a los tiempos que corren. Para muchos, para casi todos los que vivimos un poco lejos de una gran ciudad, hay mucho que ver incluso fuera de ella. Y además si el destino es barato y está cerca, mejor.

Quizá sea este el año para conocer sin vergüenza lo más cercano y que alguien de fuera no nos saque los colores por no conocer lo nuestro y preocuparnos por lo de fuera, algo, por otra parte, tipicamente español.
Sharing is loving (compartir es amar) decía hace un año un stand de promoción para animarnos a ir a unos bungalows compartidos entre familias en Nueva Zelanda. ¡Hombre!, hemos quedado que no nos iríamos tan lejos. Por eso propongo echar un ojo a nuestra zona, cada uno la suya, animar a consumir un poco en ella y disfrutar este seco invierno de los mesones, en mi caso castellanos, y casas rurales para dos o más familias.

Les pongo un ejemplo del oeste de Madrid, pero vale cualquier otro. La cuestión es visitar lugares tan cercanos e históricos que sólo con una crisis como ésta se nos ocurriría conocer. Lugares para perderse, pero no para perdérselos. Ahí va y que cada uno haga ahora su propia ruta, viva en Madrid, Sevilla, San Francisco, Londres o Moscú. Mi ruta anticrisis ha sido:

la senda de El Yelmo en San Martín de Valdeiglesias, la de la Dehesa de Navalquejigo de Fresnedillas de la Oliva, la Peña del Águila en Santa María de la Alameda y por supuesto las rutas que recorren los ríos Cofio, Alberche y Perales. Y si me apuran, haré turismo local “lejano”, llegándome hasta Cenicientos, donde los coruchos quizá me enseñen con orgullo la Iglesia gótica de San Esteban Protomártir, del siglo XV. Una joya declarada Bien de Interés Cultural, cuya existencia yo desconocía como tantas otras cosas que tenía cerca y cuya autoría aún investigan los historiadores de arte.

Una confidencia turística para los que me sigan: acérquense al presbiterio. Tiene una cubierta que sobresale por encima de la nave. Quédense en silencio. Respiren hondo. No cuesta dinero. Quién sabe, a lo mejor pueden empezar, ahora sí, su viaje de turismo interior. Auummmmm...

martes, 20 de diciembre de 2011

MONSTRUOS DE NAVIDAD

En estos días miles de padres salimos a los centros comerciales para ver cómo son esos juguetes monstruosos que los niños piden a Papa Nöel y los Reyes Magos. A mis hijos les explico que no todo lo que desean tener es posible. Ellos asienten entre la resignación y la esperanza.

Cuando entro en las jugueterías me encuentro con que lo que escribo es pura realidad: A pesar de la crisis, el consumo es tal que los juguetes estrella de estas navidades ya no están disponibles y cuanto menos educativos, más difíciles de encontrar. Tomo como ejemplo la muñeca Monster High y todo su universo, una especie de Lolita erótico-vampiresa, con colmillos draculinos y curvas sinuosas cuyo aspecto sensual premeditado por el fabricante incita inconscientemente a las niñas a introducirse en el mundo adulto de la atracción prematura entre preadolescentes. Sus armas: la envidia, el gusto por una imagen exagerada, minifalda, taconazos, bocas y ojos repintados para ellas, y para ellos cazadoras sin mangas, cresta, gafas de sol y aspecto de matón de High School.
“Estamos divinas de la muerte”, reza su etiqueta o su página web. Es el juguete del año, una derivada de la moda Vamp que tanto embriaga a los niños y niñas que están a punto de dejar de serlo. Bueno, sé que es la llamada de la selva para ellos, como lo fue en su día para mí, aunque en mi selva había más árboles, más lianas, un balón en un descampado y una buena pandilla real, no virtual.

Voy de un centro comercial a otro. En todos pasa lo mismo, esas muñecas se han agotado. Hay lista de espera, subastas en Internet y gente madrugando para entrar en la juguetería que dice tener alguna de ellas. Me debato entre satisfacer a mi hija o explicarle lo divertidos que son los juegos de mesa con los que pasamos ratos de invierno inolvidables.

Me la llevo a ella y a su hermano a las tiendas de juegos educativos, donde hay juguetes para plantar huertos con semillas, desenterrar dinosaurios, construir casas de muñecas y mecanos espectaculares. Les gustan, se implican, se divierten, se olvidan de todo por unas horas montando un T-Rex, regando mini plantas o haciendo un avión con patas pero se miran de reojo entre ellos cuando hojean las catálogos de los monstruos y suspiran.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

DE PUENTE

Los madrileños más castizos y los que no lo son, utilizan la preposición ”de” como locución adverbial de modo, para definir un estado de ánimo temporal, que tiende a durar poco. "Aquí... de lunes" o "ando de bajón", son expresiones y, en el fondo, lugares comunes que utilizamos a menudo para que los demás comprendan nuestra manera de afrontar algo.

Con la crisis, sin duda ambos ejemplos se hacen más palpables y poco discutibles, aunque los usemos más por inercia que por ajustarnos a la realidad. Es probable que muchos se sientan así: de lunes, sin pensar que eso significa estar en el trabajo un lunes, algo que en si ya es un lujo. De hecho, tengo a mi alrededor gente que lo está pasando mal, con la que afortunadamente no me puedo comparar, porque siempre hay personas que están peor que uno. Y como no voy a quejarme de lo que no debo, no lo hago.

Muchos de esos conocidos, sin acordarse del rosario de penas que contaron hace diez días, me cuentan sus planes para irse en estos puentes y fiestas navideñas a pasar unas cortas vacaciones; con casa rural, avión, forfait de esquí, etc, incluidos, que me dan qué pensar...

Me alegro por ellos pero: O no hay tanto paro, o es posible que haya demasiada economía sumergida, o nos quejamos demasiado o nos gusta dar pena o no nos va tan mal o seguimos disfrutando del momento y salga el sol por Antequera o como decía aquel: “...no es que en España se libre mucho, es que siempre libramos los mismos.”

Que no hay tanto paro, lo dudo; que hay demasiada economía sumergida, lo supongo; que nos quejamos demasiado, también; que nos gusta dar pena... creo que lo justo, porque para chulos, nosotros; que no nos va tan mal, ya saben que lo comparto y que nos gusta disfrutar el momento hasta puede que sea bueno.

Debe ser por eso que el otro día llamé para interesarme por una cabaña en la sierra y me dijeron que estaba todo reservado. Me alegré por el consumo (nunca imaginé que algún día escribiría esta frase) y me alegré por vivir en un país que, a pesar de todo, sueña con irse de puente aunque esté a un pelo de vivir debajo de él.







jueves, 1 de diciembre de 2011

INVIERNO POCO HECHO

Aún está por llegar pero ya se acerca. Será una época larga, unos días oscura pero otros, amanecerá luminosa, radiante y fría; ese frío seco que nada tiene que envidiar al húmedo de la costa, menos apetecible en esta época del año.

Hablo del invierno que nos espera. Repleto de atascos  para ir, para volver, pero también lleno de esperanza, de ganas de seguir adelante, de nuevos proyectos con los que no contábamos, de impensables soluciones que aparecen para paliar lo que hasta ahora nos preocupa.

¿Qué sabemos de lo que nos traerá este invierno?, sólo suposiciones, nada más. Quizá un nuevo mega centro comercial a la vuelta de la esquina. Sí, cerca de mi casa hay uno a punto de estrenarse (¡con la que está cayendo!), tal vez una matrícula en la UNED para mejorar nuestra cualificación, una oferta de segunda mano con pocos kilómetros para comprar un coche que nunca hizo falta que fuera nuevo o incluso una oferta de trabajo... ¿por qué no? ¿Alguien puede asegurar que este será un crudo invierno?

No voy a quedarme sentado a ver si se confirma lo que auguran los pesimistas. Porque en nuestro país hay mucho por hacer, por crear, por disfrutar. Y eso que no hemos hablado de la nieve, que parece que caerá. Y ya se sabe, año de nieves...

Creo que nos sobran los motivos para abrigarnos bien porque será un invierno frío, pero como todos los inviernos y habrá que saborearlo en cada momento. Tal vez con un buen libro en casa mientras caen los primeros copos, con una buena tertulia de amigos, como las de antes, con un juego de mesa en familia. Quizá con una buena excursión por ese camino que conocemos desde que éramos niños y no necesitábamos tantas cosas, ese sendero al que no hemos vuelto y que seguro que nos parecerá más pequeño y menos misterioso de lo que  nos parecía entonces y después... un caldo  con una chispa de Jerez para calentar el alma.

Así puede ser el invierno, un momento para el progreso personal, a pesar de los malos momentos, una época fértil para sembrar lo que pueda crecer en primavera, un periodo de prueba para darnos a conocer y ofrecer lo mejor de nosotros mismos, una oportunidad para demostrar que podemos seguir siendo mejores, que sabemos renovarnos, que podemos pasarlo sin miedo.

Porque, al final, el invierno pasará tan rápido como pasa el otoño y casi nos dará rabia no haberlo aprovechado. A pesar de los pesares, éste no tiene por qué ser un crudo invierno. Dejémoslo en poco hecho. En realidad, está por hacer.










viernes, 11 de noviembre de 2011

EL HOMBRE MANSO

España es el país europeo donde más horas se trabaja al año, más de 1770 horas. 
Los alemanes necesitan 343 horas menos para hacer lo mismo. Y la OCDE nos recuerda como siempre: también somos los menos productivos.
Nos sobran horas en la oficina, aunque debemos poner en nuestro haber las virtudes de los españoles en el trabajo. Muchas de ellas son inmejorables, nuestra capacidad creativa, nuestro impulso inicial ante un nuevo proyecto, la generosidad, el compañerismo, la solidaridad, el ambiente en el trabajo. Pero también debe reconocerse nuestra afición a la calle, al encuentro, a salir a tomar algo después de trabajar e incluso antes de terminar. Ahí falla algo.

Organismos como el Centro de Estudios Sociológicos denuncian que la costumbre española es estar "de trabajo" todo el día en jornadas improductivas de 9.00 a 20.00, en vez de 9.00 a 17.00 como en el resto de países europeos. Las principales consultoras especializadas en recursos humanos, como Creade, reconocen que la baja productividad está haciendo a las empresas replantearse la organización laboral. Y ahí se topan con que el primero que no quiere cambiar esa dinámica de seguir por la tarde es el propio jefe, acostumbrado a "echar horas" en el lugar que menos le molesta: prefiere estar en su silla antes que en... ¿lo adivinan?

Seguimos alargando nuestra jornada laboral demasiado por el hecho de “hacer horas” o quizá de “hacer que trabajamos”, aunque el trabajador masculino padre de familia o pareja de mujer trabajadora, es el primer causante de esta forma de actuar, como si en el fondo escondiera una causa inconfesable para seguir en el trabajo.

En Alemania están mal vistos los que, pasada la hora, se quedan en la oficina. Se les mira de aquella manera pensando que no han sabido gestionar su tiempo y necesitan más horas para hacer lo que ya han hecho todos. En España eso es al revés, sinónimo de interés por el trabajo. En Berlín, eres un incompetente que haces gasto en la empresa.

Los estudios sociológicos aseguran, por otra parte, que las mujeres trabajadoras españolas son las que mejor organizan su tiempo, las que más producen, las que siempre tienen sus deberes al día. Entonces, ¿por qué siguen cobrando menos, por qué tienen que demostrar más que los hombres, por qué acaban antes y se desesperan esperando a que sus jefes terminen y se vayan?

El secreto inconfesable que admiten miles de españoles a sus colegas de barra está cada día más al descubierto. Seguimos siendo un país machista, cuyos machos se morirían en casa a las cinco de la tarde. Desde el presidente de la compañía hasta el último de su empresa, odiarían estar repasando deberes con los niños, haciendo la compra o simplemente estando en casa. El trabajo en la oficina fue y sigue siendo la gran excusa para no volver hasta que la cena esté hecha y los niños a punto de acostarse. Prefieren alargar la jornada, alargan la agenda y eso perjudica la efectividad de la gestión diaria de su empresa. Es una excusa inconsciente, casi antropológica, instalada en el instinto animal de que un hombre en casa demasiado temprano es digámoslo así, un "hombre manso". 

De hecho, uno de los principales tormentos de los que de pronto se encuentran con una jornada continua o tienen la mala fortuna de ir al paro es estar en casa a la caída de la tarde, cuando llegan los niños, mientras recuerdan los tiempos de la cañita que se estarían tomando a esa hora en el bar de la empresa.

Es difícil de entender que necesitemos hasta dos horas para comer, cuando en Europa se come frugalmente en cuarenta y cinco minutos, ¡con lo que cuestan la luz, la calefacción y el aire acondicionado hasta las ocho de la tarde! Sólo se entiende si atendemos a un criterio sociológico que demuestra que nos hace falta ser más prácticos, más europeos.

¿Dónde están los sindicatos (cuyos líderes son siempre hombres) pidiendo menos tiempo para comer y salir antes del trabajo?, y ¿dónde están los empresarios pidiendo a sus directivos que se olviden de la comida de empresa, considerada por los expertos la gran enemiga de la productividad y la conciliación?,  ¿nos imaginamos todos en casa a las cinco, como los alemanes, comprometidos en la tarea de los niños... sin café de máquina a media tarde, sin cerveza al salir de trabajar, sin charleta con los colegas?

En España, algunas empresas como la Fundación ONCE cortan la electricidad desde 2008 por las tardes, para que nadie pueda quedarse más tiempo. El teletrabajo parece en Europa otra de las grandes opciones que más se están aplicando: muchas compañías permiten a sus empleados estar un día en su casa y trabajar desde allí para ahorrar costes o salir antes y terminar sus cometidos en una hora suelta desde el domicilio.


En España no superamos el 5% de teletrabajadores. Cuesta irse del trabajo. Y en nuestro país las únicas que acuden sin perder un minuto a casa son las mujeres, casadas o no. ¿Porque son más europeas? No, según estos estudios, porque administran mejor su tiempo.


¿Se imaginan una España gobernada por madres directivas en la proporción de hombres que hay ahora?, ¿todavía creen que estaría la luz de la oficina encendida a las ocho de la tarde? Ya sé que no tiene por qué ser una cuestión de sexo. Bueno, atendiendo a estos indicadores, un poco sí.






martes, 25 de octubre de 2011

LA EMOCIÓN VASCA

El nacionalismo no es una idea política, es un sentimiento. Una pasión que engloba a las cuatro emociones universales: la tristeza, la rabia, el miedo y la alegría, según el manual de psicología moderna.


Esas cuatro emociones forman un círculo de hierro forjado como el que adorna la barandilla más famosa del mundo, capaz de resistir el embate de la intempérie más dura . Un círculo vicioso que ha sido el patrón del nacionalismo, entendido como concepto, sin siglas, aquí y fuera de aquí. No hablamos de política sino de emociones.




el nacionalismo nace sin nación previa, de la mente de alguien resentido con la vida, pero es legítimo.


Decía Jon Juaristi, antiguo miembro de la ETA más histórica e idealista, ex director de la Biblioteca Nacional, escritor y autor del ensayo El Bucle Melancólico (Premio Nacional de Ensayo 1998), que la nación no preexiste al nacionalismo. En el caso del País Vasco, eso es tan cierto como histórico, que nunca existió un estado, país o nación vasca más de lo que existe ahora. Euskadi, Euskal Herria (con las tres provincias francesas Lapurdi, Benavarra y Suberoa), La Gran Vasconia (no quieran saber hasta dónde puede llegar) o Vascongadas (como lo llamaba Franco y curiosamente ahora Bildu) son un concepto moderno forjado legítimamente en los últimos 100 años, pero carente de historia real. En todo caso hay que respetarlo porque el nacionalismo nace así, sin nación previa, casi siempre de la mente de un resentido con la vida, con alguien cercano, sus padres, su familia, su entorno.


el nacionalismo es una emoción y las emociones se sienten, no se someten a votación.


Tenemos ejemplos sobrados en la historia. Nace de una pena individual (o sea, de un hombre quizá maltratado) que se lamenta de no haber sido feliz y por eso crea la nostalgia de lo no vivido, y su vida se convierte en un aullido contínuo a la luna que nunca le deja mirar hacia adelante. Nace de una melancolía que tanto daño le hace a él, individuo promotor de esa nostalgia, como al colectivo al que subyuga.


De pronto, muchos quieren ser así, nacionalistas. Y con el paso de los años ese sentimiento de tan fácil arraigo acaba extendido como una verdad casi incuestionable. Sin embargo, es legítima. Todos podemos decidir ser algo nuevo de repente. Los demás deben asumirlo, respetarlo. Sobre todo si cada uno defiende su idea en la plaza pública, abierta y democrática que es nuestra sociedad. Otra cosa es que la mayoría de los que acude a votar a dicha plaza acepte los deseos de los que tienen ese sentimiento. Eso es la democracia , pura razón: defiendo mis ideas y si no logro los apoyos, acato la mayoría y ya volveré a intentarlo al día siguiente (o cada cuatro años).


Pero el nacionalismo radical no es una razón, no va por ahí. Acepta la democracia si lo suyo no hay que votarlo. O si vota y gana, claro. Y tampoco se le puede reprochar esto. Porque el nacionalismo es una emoción y las emociones se sienten, no se someten a votación. Surgen de lo más primitivo de cualquiera de nosotros y en el caso vasco, de la necesidad de pertenencia a una tierra madre, a una tribu, A El linaje de Aitor, a la defensa del territorio legendario (legendario viene de leyenda), a los dominios pseudo tolkinianos de Amaia y los vascos en el Siglo VIII, de pertenencia a una raza de vascones como la que tan bien fantaseaba Navarro Villoslada o de vizcaínos, en el caso de Sabino Arana en su artículo ¿Qué somos?, escrito en 1895.


del nacionalismo primero nació la nostalgia por lo que podría haber sido y no fue, provocando una pena crónica.


Todo eso acurruca y reconforta al colectivo y a su líder; toda esa mitología lo defiende de los hostiles amenazantes, como un imago protector, allende los montes. Emocionante, sin duda, incluso para alguien de fuera. Y desde Arana Goiri hasta nuestros días ese sentimiento ha ido pasando por las cuatro emociones fundamentales:


La tristeza: porque del nacionalismo primero nació la nostalgia por lo que podría haber sido y no fue, provocando una pena crónica. Esto es quizá el patrón más extendido contra en el que trabaja a diario la psicología universal para curar a sus pacientes. Y todos los terapeutas coinciden en que estar triste por lo que nunca fuimos no nos deja mirar al futuro, nos atasca, nos retrae, nos impide socializarnos y hace que veamos en el otro a un enemigo con el que nada debemos compartir. En la tristeza entramos en una queja perenne, en ese bucle melancólico al que nos habituamos y del que nunca nos atrevemos a salir, sobre todo porque ya estamos acostumbrados a él.


El nacionalismo de Euskadi sobrevive gracias a esa tristeza continua que un día nació de la visión de Arana Goiri nada más morir su ama (madre) por cierto, al empezar a escribir sobre la patria nunca existida pero reivindicada. Así, tomó la legendaria, que no histórica, batalla medieval de Padura como la génesis del Señorío de Vizcaya y sus fueros. No pudo irse más lejos el de Abando para asegurar que ya entonces existía un sentimiento vasco (entonces sólo vizcaíno) hasta hoy reprimido, parece ser, por el invasor leonés o castellano. Seis siglos después quiso recrear una realidad que aunque basada en una leyenda tenía todo el derecho a inventarse y a alimentar. Entonces el nacionalismo se dejó llevar por la segunda de las emociones básicas del hombre:


La rabia: seamos sinceros, ni la república ni especialmente el franquismo ayudaron mucho a contenerla. Fue más bien una larga mecha de casi cuarenta años que necesitaban los melancólicos para hacer estallar por las bravas su proyecto. Esa rabia contenida se extendió a mordiscos y los contagiados echaban espuma por la boca hacia una España tan obsesionada por la unidad como Franco, otro melancólico de tan dura infancia como Arana. Otro alma ofendida que se lamentaba de que la nación en la que vivía no estaba tan unida como la que llevaba dentro. Pero esa unidad española era un subterfugio, una manera de querer ser dueño de toda España, cuanto más unida, más suya. Lo mismo le pasó al dictador alemán, al italiano, al ruso, al cubano, al argentino, al iraquí, al tunecino, al libio. A todos les pudo la emoción. Y eso siempre tiene un coste que debemos de aceptar.


todavía pagamos su rechazo, su odio, sus ganas de irse. Aquella España franquista todavía no deja respirar a esta.


La España del Movimiento despreció a Euskadi, a su lengua, a su historia y somos nosotros, sus nietos, los que les miramos perplejos diciendo: ¿cuándo se os acabará la rabia, cuándo empezaréis a querernos?. Nuestros abuelos os hicieron daño, no nosotros. Por eso pagamos todavía su rechazo sempiterno, su odio, sus ganas de irse. Reconozcámoslo, aquella España franquista todavía no deja respirar a esta. Y en plena decadencia de la dictadura, cuando a los muros del régimen empezaron a salirle ratas por las grietas, apareció la tercera de las emociones universales:


El miedo: Así surge ETA, de entre los muros de las iglesias, en los txocos de los caseríos, al final de las aulas, sobre la húmeda lonja del puerto, en los senderos del monte, con la intención de formar un ejército de revolución que luchara con las armas por un sentimiento, por la emoción vasca. De nuevo, otro error.



La idea de guerrilla justificada inicialmente, como podían serlo las de otros países con regímenes opresores devino en puro terrorismo. La expresión de esa rabia fue tan grande como para pasar la línea roja, la que distingue a los que matan de los que no lo hacen. Supongo que ahí empezaron a descolgarse los Juaristi, Onaindía y compañía. La España de entonces era terreno abonado para los atentados, considerados a veces casi como una respuesta comprensible al régimen. ETA llegó a arrogarse incluso el mérito de haberlo finiquitado con el asesinato de Carrero. En Euskadi, los terroristas comienzan a matar y los que no lo son, a mirar para otro lado.


Tras más de ochocientos muertos y más de cuarenta años, casi otra dictadura, de guerra sin cuartel (a veces sucia), ETA acaba acorralada. Pero su lucha no ha sido en vano y su posible adiós a las armas puede que tampoco. La banda terrorista se sabe derrotada, asfixiada incluso por los suyos, que parecen decirle: sé lista. La muerte ya no vende como antes entre los nuestros y ahora lo que toca es usar la palabra, jugar a su juego, a la democracia de la plaza pública. Vamos a demostrarles que ya no necesitamos pegar tiros para ganar voluntades y en el peor de los casos les diremos:¿veis cómo sin muertos tampoco nos dejáis ser independientes? , y si no nos dejan siempre podremos empezar de nuevo, volveremos a la tristeza, de ahí a la rabia, de la rabia al miedo y del miedo a... ( de nuevo el bucle melancólico). Pero estamos contigo. Lucharemos por la independencia". Eso parecen decirle a ETA.


Que cada uno defienda lo que quiera hasta conseguirlo... o no. Y si es no, saber aceptarlo razonablemente.


Y un buen día llega el momento. ETA anuncia que se acaba la violencia y ella y los que la rodean y los que están aún más lejos de los que la rodean e incluso otros que están aún más lejos... todos se imbuyen de la cuarta gran emoción:


La alegría: esta sí nos llega a todos. A unos porque respiran aliviados y a otros porque de antagonistas pasan a ser protagonistas, o sea que siguen teniendo un papel estelar en esta película. La alegría es alegría en todo caso. Disfrútela cada cual como quiera. Antes se mataba y ahora ya no. ¿No merecen un premio los vascos por haberlo arreglado? Sinceramente, puede que sí. Pero el premio debe ser vivir en paz, acostumbrar a esa gente oscura a levantarse por las mañanas e ir a trabajar, no otro. Más tarde, acudir a la plaza del pueblo y proponer sus ideas por imposibles que sean, incluso sus ansias de independencia una y otra vez. Que cada uno defienda lo que quiera hasta conseguirlo... o no. Y si es no, saber aceptarlo razonablemente. Dejar la emoción que tanto daño les ha hecho y mirar hacia su futuro individual, a la prosperidad de su familia, no tanto a la de una nación vasca, gota de agua en Europa, que quizá sólo es un pretexto demasiado universal para no ocuparse de uno mismo.


Hay alegría, si, pero no para todos. No para las víctimas que merecen al menos saber que los que mataron pagaran su pena. Hay alegría, si , pero a mí se me acaba donde empieza otra vez la tristeza. No la mía, la de Ermua, Vic, Zaragoza, Vallecas y ...¡ciudado!, ¿lo ven?, casi no me doy ni cuenta y caigo yo también en el bucle melancólico. Estén alerta, puede atraparnos en cualquier momento. Por mi parte, sólo ha sido un instante de emoción.

martes, 18 de octubre de 2011

EL RIO NACE LIMPIO

Aproveché el pasado festivo entre semana para recorrer con mis hijos una ruta fluvial cuyos parajes no tienen nada que envidiar a los de cuaquier parque nacional de la Península Ibérica. Hay bosques de pino albar, carrasco,encinas, helechos, jarales olorosos aún en estas fechas, enebros, alamedas frondosas, canchales para tomar el sol o leer un libro. Y todo ello entre roquedos majestuosos, berruecos monumentales y una garganta, la del Manzanares, a pocos kilómetros de su nacimiento, junto a las cumbres de Peñalara, en plena Sierra de Guadarrama, al norte de la provincia de Madrid.





Es el curso alto de un río de agua cristalina que nace puro, limpio y ágil, como la mente de un niño, bajando juguetón entre lajas de granito pulido hacia Manzanares el Real. Pero cuando crece, como el ser humano, se contamina, envicia su fondo de fango y lodo, como se llena el cerebro de cualquiera de nosotros hasta acabar siendo un río maduro, adulto, incapaz de sorprender a casi nadie. Uno más, como todos cuando crecemos.



Pero al nacer, el Manzanares es una promesa en ciernes, igual que el ser humano. Capaz de lo mejor siempre que tenga el apoyo necesario. Esa parte del río es un lugar único, para quedarse a vivir. Así lo han hecho desde los años 50 muchos madrileños a los que el desarrollismo de los años 60 dejó hacer auténticas barbaridades de edificaciones contra la naturaleza que soportaremos aún muchas décadas y quizá, todo lo que nos queda de siglo, como poco. Las urbanizaciones entraron en el monte bordeando el río hasta ahogarlo. Pero aún queda un paso estrecho, una senda entre arbustos, chopos y otros árboles que permite dar uno de los paseos de montaña más accesibles y genuinos del Sistema Central.



La ruta se adentra en una garganta, hacia el refugio de Giner de los Ríos, el Canto del Tolmo, Collado de la Dehesilla, Senda Maeso y, de nuevo en la cara sur del monte, el gran Yelmo de la Pedriza, el macizo granítico más importante de Europa. En este tramo de la Cuenca Alta, el Manzanares es un río joven, atrevido, rebelde, ya digo, prometedor. Pasear por allí una tarde de otoño es volver a la vida, un sueño del que uno no quiere despertar mientras observa las truchas nadar corriente arriba, en una de las aguas más claras que hay en Guadarrama. Conejos, rebecos, cabra montés (traída de la Sierra de Gredos, eso sí), y en lo alto, el buitre leonado, cada día más hambriento desde que se le acabaron los muladares.



Pero en ese día festivo, despertar del sueño no fue muy complicado. Mis hijos, sus amigos, sus padres y yo acabamos hartos de ver en las orillas papeles, plásticos, botellas y demás contaminantes, huellas evidentes del campismo desaforado, botellones de anochecer e incluso profilácticos de todos los colores de parejas efervescentes que sólo saben cuidarse ellos mismos. ¡Madrileños, senderistas, vecinos de la zona!... no podemos arruinar el bosque, sus ríos, sus meandros, sus rutas señalizadas y cuidadas por los que sí respetan la naturaleza.



Sirvan estas líneas para animar al ayuntamiento competente en la materia a hacer batidas de limpieza y hacerlas ya. Como un padre haría con su hijo pequeño, a pesar de que se manche, de que su mente poco a poco se contamine. Siempre se puede ir limpiando para dejar los mejores valores en el fondo, donde en vez de cieno quede arena pura, sin casi deshechos.



La educación ambiental deja mucho que desear en Madrid y sus alrededores. Supongo que eso es extensivo a otros lugares naturales en España, en el mundo. Nadie sale al campo con bolsas de basura, sólo con bolsas llenas de lo que luego será basura y quedará tirado en el monte. Si no limpiamos el río, como nuestra mente, El Manzanares de La Pedriza acabará tan negro como el que todos conocemos, aguas abajo. Cuidarlo desde su nacimiento es cuidar es río que llevamos dentro, el de nuestros hijos, para que fluya limpio desde el principio.

jueves, 6 de octubre de 2011

LAS BICICLETAS SON PARA LA CRISIS

Llegará el frío, sin duda, pero estamos teniendo un otoño como para salir a trabajar en bicicleta cada mañana, aunque no lo hagamos. Y si no lo hacemos es porque no estamos dispuestos a cambiar. Y como muchas otras cosas buenas que nos traen los malos tiempos, cada vez vemos a más vecinos utilizar los pedales para sus desplazamientos.

En España hay varias localidades que ya pertenecen a la Red de Ciudades por la Bicicleta. Qué buena idea, aunque sigamos siendo de los últimos pero algo es algo. Porque es tiempo de cambio, de renovarse, de echar cuentas al bolsillo y al cuerpo y de darse cuenta de que podemos usar la bici para mucho más de lo que la usamos.


Y eso que cada vez somos más: según el último Barómetro Anual de la Bicicleta en España presentado en septiembre por la DGT, el número de personas que utilizan casi a diario la bicicleta por deporte o para moverse ha pasado de 2 millones en 2008 a 3 millones en 2011. Un 50% más en 3 años.


España es un buen lugar para los que se decidan. Porque su clima es perfecto para la bicicleta. Podemos hacerlo. El cambio está en utilizarla a diario, como en muchas ciudades y pueblos de la vieja y fría Europa, cuyos vecinos van en sillín soportando temperaturas y lluvias que aquí apenas tenemos.



Somos el mejor país para dar pedales y casi el peor para utilizarlos. Todo está en la mente, en la actitud ante el cambio. Y no podemos decir que nuestros ayuntamientos no nos ayudan. El carril bici está por todas partes, pero sigue siendo un gran desconocido y malentendido. ¿Tiene que aumentar la crisis hasta el punto de llegar a necesitarlo porque todo el mundo se quedará si dinero para gasolina?




Espero que no, que no necesitemos ir en bici para descubrirla. Para los más incrédulos, para los que prefieren seguir echando humo, quizá una ecuación a base de lo que nos ahorramos en gasolina y ganamos en salud pueda convencerles. Podemos animar a los que se resisten a pedalear asegurando que ese ejercicio diario mejorará su físico pero también su cerebro, su forma de ver la vida, tenga los años que tenga.




Porque estamos hechos para estar en movimiento y nuestro metabolismo lleva miles de años preparado para la actividad, no para el sedentarismo absoluto. La crisis es una buena excusa para ahorrar dinero, ganar salud y autoestima. Nuestros pueblos son todo un aliciente para conocerlos a diario con un paseo en bici hasta la tienda que abrimos cada mañana o la oficina que nos espera.




Y si vamos a la gran ciudad, ya lo saben: RENFE-Cercanías deja por fin subir la bici, incluso en horas-punta. No sé si habrán montado en bicicleta este verano, pero da gusto utilizarla este otoño cálido para atravesar la crisis de lado a lado.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

NO ESTAMOS TODOS

Comienza el nuevo curso. Los pueblos, comarcas y ciudades vuelven a llenar sus calles y sus carreteras de coches y autobuses escolares. Llego al colegio de los niños y vuelvo a ver caras familiares en el equipo de fútbol pero... faltan algunas que deberían andar por aquí. Más tarde mis hijos confirman las sospechas. Hay más ausencias que otros años. Será casualidad, o no. Hablo con otros padres, con profesores. Si, este año falta más gente de la cuenta y creo saber el motivo.


Durante este verano yo mismo he tenido que decir adiós a algunos amigos y conocidos, vecinos o amistades que tienen algo en común: tienen que salir de Madrid, de España. Unos viajan a la Europa más alemana, otros se van a hacer las arabias, los hay que viajan a Sudamérica, Estados Unidos o Canadá. Países a donde no hubieran pensado ir hace pocos años o incluso meses. Lugares reservados para viajar de vacaciones, nunca para empezar de nuevo.


Así es el momento en que vivimos. Una época que comenzó hace casi cuatro años y que poco a poco ha ido cambiando el semblante de nuestro país, de nuestra comunidad autónoma y de nuestros pueblos, incluso en áreas residenciales como las que he citado. De la precariedad de empleo basura pasamos a la dificultad de mantener nuestro trabajo. De esa amenaza pasamos a conocer a alguien cuyo pariente cercano lo había perdido. Más tarde era un vecino conocido, otro día un amigo íntimo o un hermano y por fin nos toca a nosotros.


Con el paso de los meses las prestaciones se van acabando al mismo ritmo que los ahorros, hasta que un buen día, uno de los nuestros nos dice: “lo hemos hablado en familia. Hay una oportunidad de trabajo interesante fuera de España, nos vamos”. Y se nos queda un gesto entre la admiración y la pena. Pero todos sabemos que una opción así es una fuente de energía. Una vacuna contra el desánimo y por fin una buena decisión que nos retrata, que define el espíritu de los que lo deciden.


Si hay que hacer las maletas se hacen. Los hijos, niños y no tan niños, sabrán adaptarse y mejor que nosotros, seguro. Las posibilidades ahí fuera se multiplican para muchos profesionales liberales y con formación que aquí empiezan a amontonarse. Otro país, otra comida, otra lengua y otra vida inesperada pero seguro que apasionante.


Cada vez seremos más españoles por el mundo, quizá no tan maquillados y editados como los que vemos en la tele, pero con la misma sonrisa, la que nos define como luchadores. Todavía no me ha tocado pero cuando esta mañana no he visto a los que faltaban a la entrada del colegio, he pensado: si tengo que hacer como ellos seré un afortunado. Buena suerte a todos, aunque no estemos todos.