La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.(George Orwell)


BLOG DE PERIODISMO URGENTE



lunes, 7 de marzo de 2011

A 110, HAY VIDA

Se confirma la tendencia. Vamos a menos, si. Pero eso no significa que vayamos a peor. Simplemente vamos a menos. A menos sueldos, a menos trabajo, a menos humos, menos alcohol, menos gasto, menos crecimiento y también a menos velocidad en la carretera.
Lo mejor de ir a menos son las consecuencias positivas que habrá a largo plazo. Todo lo bueno tarda en cuajar, pero perdura en el tiempo. Ahora hay que ir a 110 Km/h. como máximo y nos parece absurdo pero demos margen al cambio y veremos cómo salimos ganando. No creo que el Estado ahorre mucho dinero en la factura del petróleo pero creo que correr menos tendrá muchas ventajas que sabemos pero no reconocemos y menos en público, donde parece haber siempre un discurso contra las nuevas normas.
Al ciudadano le cuesta aceptarlas, porque los cambios de hábito van contra la rutina humana y supone un esfuerzo, una contención de nuestras ansias de libertad para hacer lo que queramos. Pero como ocurrió con la ORA, con los carriles BUS y VAO, con la prohibición de fumar o de beber al volante y con tantas otras cosas, al final seremos más felices porque habremos equilibrado un poco más nuestra forma de vida, enfocada a disfrutar a despecho de los demás. Sabemos que es así en el fondo de los fondos.
No creo que haya una conspiración de los gobiernos del mundo para controlar cada vez más al ciudadano. Prefiero pensar que somos mejores desde que reciclamos en tres contenedores distintos, que fumamos mucho menos a diario desde que no dejan echar humo en lugares públicos, que puedo emplear parte de mi tiempo en atender a los míos si no hay tanto trabajo, que como no gano tanto, no necesito tanto, que ya no hay casi borrachos al volante, que los minusválidos pueden aparcar en su zona porque respetamos su plaza, que me traigo las bolsas de casa al Hiper y no al revés, que comparto gastos de gasolina con mi vecino o que todos vamos más despacio en coche.
Y queda mucho camino por recorrer. Todavía hay que ajustarse más a nuevas normas que están pidiendo a gritos un poco más de humanidad en nuestras relaciones y actividades como ciudadanos. A 110 km/h hay vida, mucha vida, más que a 130 o 150. Sé que es duro acostumbrarse pero dentro de un tiempo nos parecerá demasiado deprisa.

martes, 22 de febrero de 2011

MIEDO Y ESPERANZA


Dice Daniel Goleman, uno de los padres de la psicología moderna que el miedo es un arma poderosa para defendernos y prevenir una situación de alto riesgo. Nos avisa, nos prepara, actúa como un resorte que tensa las articulaciones e irriga los músculos con más sangre a la vez que reactiva nuestra respiración por si hay que salir corriendo. Esa era su tarea natural, garantizar la supervivencia, provocar un estado de alerta por si las moscas. Ese miedo es el que hay que tener.

Pero hemos pasado del miedo a la preocupación crónica, las más veces, a la preocupación injustificada; como si estar preocupados nos alejara mágicamente de los malos presagios. Bien, los expertos en inteligencia emocional, como Goleman, creen que eso nos resta posibilidades ante el peligro. Estar agobiados sin descanso reduce nuestra capacidad cerebral y por lo tanto consume energías para estar alerta, para administrar el miedo como debe ser, con ilusión. Sólo así podemos alargar la Esperanza de vida. Y escribo esta palabra con mayúscula porque creo que viene al caso.

La Presidenta de la Comunidad de Madrid se ha sometido a una operación de cáncer de mama, detectado en una revisión ginecológica rutinaria. Es una de las muchas mujeres que saben gestionar el miedo y lo utilizan para su beneficio. Su cáncer ha sido detectado gracias a ese estado de alerta y no de preocupación inconsciente que padecen muchas mujeres que aún le tienen miedo (¿otra vez esa palabra?) a las revisiones mamarias.

Esperanza ha sido valiente, proactiva y ha demostrado una entereza como la que se espera de un personaje público. No fue fácil para ella decir: tengo que desaparecer de la circulación unos días porque me operan de cáncer. Pero no tuvo miedo a hacerlo, ni a operarse. Creo que hoy se merece todo nuestro cariño. Porque las personas conocidas son como los demás solo que no lo parecen. Y si algo se les puede exigir es estar a la altura de las circunstancias. Esperanza Aguirre así lo ha hecho y nadie de los que comparten o no su ideología o su adscripción política podrá negar la valentía que ha tenido para coger al miedo por los cuernos y usarlo como es debido. Todo irá bien. Hay Esperanza.






viernes, 28 de enero de 2011

NIGERIA, NACER EN PENA DE MUERTE

Idea de proyecto y Fotos:


Pep Bonet (World Press Photo 2009)
Texto: Ignacio Jarillo

Este bebé es pura vida. Acaba de nacer, pero más de 700 bebés y 150 madres mueren cada día en Nigeria por motivos evitables durante o después del parto. Y la amenaza de muerte de los seres humanos de esta historia se duplica en el norte del país. Porque Nigeria es parte de África, la tierra del todo o nada. Ser viudo o huérfano es el resultado de morir antes de ver nacer a un hijo o al poco tiempo de haber nacido.




Las gemelas Umia y Rokia sólo tienen 12 días y pocas esperanzas de vida. Amanecen bajo un techo de brezo y barro, en un suburbio de Katsina,
400 kilómetros al norte de la capital, Abuja, y patria chica del malogrado presidente del país, Umaru Yar´Adua, un líder enfermo cuya muerte, el pasado 5 de mayo, tampoco sorprendió a nadie en Nigeria. La madre de las niñas sabe reconocer a la muerte cuando ronda a sus pequeñas. Acuna a la primera de ellas en su regazo con la esperanza de que esta vez no ocurra. Waraka ha tenido 16 partos, pero el marido, Musa, no puede conseguir alimentos para mantener a tantos niños. Antes era un pequeño ganadero, ahora casi no puede alimentar a sus cabras. Su familia, como el 60% de la población nigeriana, se dedicaba a la agricultura, pero tras el hallazgo de yacimientos de petróleo, que generan el 20% del PIB del país, todo cambió a peor en Nigeria. Musa y los que son como él ya no cuentan para el Estado.















Waraka mece a su bebé Umia, muerta por desnutrición. Musa, su marido, sostiene a la gemela Rokia aún con vida.



La ambición y sucesión de gobiernos corruptos civiles y militares provocó una desatención global sobre los otros recursos naturales, los que dan de comer a su pueblo. Y sin comida no hay esperanza. La esposa de Musa ha perdido ya seis niños cuando aún eran casi bebés. La desnutrición, una neumonía o una simple diarrea se los ha llevado.

Waraka dice que sigue viva para seguir pariendo porque su nombre significa suerte. Los hijos que le quedan juegan o dormitan entre la sombra de las acacias y la basura de las cabras amontonada junto a los muros de adobe. Waraka y Musa pasan las horas preocupados. Quizá haya que ir al hospital. Es casi mediodía y sus pequeñas se deshidratan. Rokia, la otra gemela parece aferrarse mejor a la vida.

Los cooperantes de Save the Children les ofrecen apoyo y alimentos. Este caso les resulta familiar. Les recuerda al de Uleima, una joven madre a quien visitaron hace unos días y que debe estar aún en el hospital. Sus gemelos nacieron con muy poco peso, en otro parto casero complicado que redujo aún más sus posibilidades de supervivencia. Al dar a luz uno de los niños ni se movía. Ya llevaba muerto un tiempo dentro de ella. Uleima salió de casa con la esperanza de mantener vivo al otro.

Nos dirigimos a la casa del vecino de Musa: Hamballi, un joven padre de tres hijos ya mayores, Abul, Naja y Saifull, cuya mujer también hubo de ser ingresada de urgencias a punto de dar a luz a sus nuevos gemelos. Nadie abre la puerta. Se han ido al hospital. Aunque era un parto de alto riesgo para la madre, el marido no la dejó ir al paritorio hasta el último momento. Aún no hay noticias de ellos.


Lo dice Djambo, su vecino que siempre está asomado en la puerta de su casa y sabe a cada minuto lo que pasa en esa calle. Djambo vive del trabajo de su mujer desde que se quemó las manos robando petróleo en un oleoducto. Muchos nigerianos lo hacen para fabricar una mezcla barata de gasolina. Robar petróleo comenzó siendo puro sabotaje contra el gobierno especulador de la dictadura de mediados de los 90. El General Sani Abacha permitió a las multinacionales que destrozaran el Delta del Níger, pero Djambo se quemó el rostro y los brazos por necesidad, no por ecologismo. Y la choza donde vive lo refleja. Nigeria obtiene el 80% de sus ingresos del negocio del crudo, pero su población malvive en la miseria.

El final de la calle acaba en una esquina donde vive Tahiru, otro padre de 37 años. Nos recibe con atuendo impecable en su humilde casa. Cuando entramos se nota enseguida que falta la mano de una mujer. Tahiru subsiste en la pobreza, como los dos tercios de la población del norte de Nigeria, el país más poblado del continente con 150 millones de habitantes. Orgulloso, el padre sostiene en sus brazos a la pequeña Binta. Ella sólo parece tener ojos para él. La pequeña levanta las manos hacia su cara como si quisiera tenerlo aún más cerca. Así se pasa horas –asegura con tono muy responsable-, le prometí a Myriam que siempre cuidaría de ella –añade mientras asiente comprometido. Binta lanza grititos de felicidad. Ha comido hace poco y ya se retuerce de sueño, pero no quiere dormirse salvo en brazos de su padre. A su tía la quiere pero sólo para tomar el pecho. Su padre sonríe de satisfacción mientras la viste. Hoy estrena un vestido color verde pistacho que a su madre le gustaría mucho. Binta nació hace tres meses mientras ella moría desangrada en el parto. La niña sobrevive gracias a su tía que también está criando, pero anoche tuvo fiebre y hay que vigilarla.

Cada día nacen 11.000 niños y niñas en Nigeria. Pero casi el 10% de ellos muere antes de los cinco años. La tasa de mortandad de bebés en Nigeria es la más alta de África.

Y es que en Nigeria la vida se abre camino a pesar del hambre, la malaria, el VIH o la tradición que impide a una mujer acudir al hospital para parir sin el permiso del esposo. La mayoría de las mujeres no tienen acceso al sistema de salud, ni pueden decidir su atención médica ante un embarazo.

Los cooperantes acuden ahora a casa de Aisha, una joven soltera que parió sola en la vergüenza de no tener marido que la sustentara. A pesar de ello, parió en casa con el apoyo de una matrona voluntaria. Las midwifes ofrecen una ayuda inestimable a una sociedad que no puede costearse una atención médica hospitalaria y además rechazada culturalmente. Utilizan todo tipo de hierbas medicinales para hacer las curas propias de un parto. Muchas de ellas acompañan a las madres con problemas a la clínica y allí continúan su labor en la cabecera de la cama. No tienen formación académica sólo la experiencia de haber asistido de jóvenes a multitud de partos de extrema dificultad y en pésimas condiciones higiénicas.


La niña de Aisha, Fátima, parecía sana, aunque le faltaba peso desde que nació la pasada semana. La puerta está abierta pero nadie atiende a la llamada. Con el calor sofocante de esas horas no debería haber salido, y menos con una recién nacida. Si no está es que algo pasa.

Nuestro itinerario lleva un orden de seguimiento y el equipo de atención médica de los cooperantes no pierde el tiempo. Al otro lado de la ciudad, Maymuna ha nacido hace tres noches. Hacía allí nos dirigimos para ver a su madre. Hafsat parió en casa con la ayuda de Habsatu, la traditional midwife, experta matrona que por respeto a la tradición musulmana no nos dejó fotografiar el parto pero nos enseña una cuchilla de afeitar oxidada con la que cortó el cordón umbilical de la pequeña. Maymuna también ha llegado a este mundo cuando su padre no estaba en casa. Nació a destiempo y en peligro de muerte. Tiene fiebre muy alta pero lo alarmante es el aspecto de su minúscula espalda. Por eso la llevaron a toda prisa al hospital.

En la clínica Turi Yaradua de Katsina no es fácil para un fotógrafo de sexo masculino sacar fotos de las mujeres que llegan a punto de parir. Es complicado ganarse la confianza del director de la clínica y de las enfermeras, temerosos todos de incumplir las costumbres musulmanas. Pero, con la ayuda del grupo de Save The Children, por fin visitamos a Hafsat, veintiún años, recién ingresada con su pequeña. Sus ojos tiemblan empapados de tristeza cuando Hadiza, la hermana-enfermera, coloca boca abajo a la bebé. Pesa menos de dos kilos y, como nos temíamos, padece de espina bífida. Así lo revela la protuberancia que aparece en su espalda. Hafsat parió en su casa, estuvo a punto de morir pero sólo acudió a la Maternidad de Katsina cuando su marido regresó de viaje y autorizó el traslado.

Hadiza agradece a los cooperantes su labor de seguimiento pero suspira y reniega en silencio, desesperada. No le gusta que le hagan fotos pero nos anima cuando nos ve tan concernidos por lo que pasa. Son muy pocas enfermeras como ella en la clínica y tiene la sensación de ayudar siempre cuando es demasiado tarde.

Abandonamos el Turi Yaradua y cruzamos la ciudad por la avenida de Kofar kaura, una de las arterias principales, infestada de motocicletas con tres ocupantes abordo, zigzagueando entre camiones al calor sofocante del mediodía. A lo lejos se ve la mezquita de Katsina rodeada de jardines. Pero nuestro destino es el servicio de pediatría del Hospital Federal.

Con permiso del médico responsable de la planta, una enfermera nos invita a conocer a los pequeños huéspedes de la maternidad. Los que luchan sin saberlo contra la estadística del país. Así conocemos a Aminu y a su hijo de un año de edad Munir, que nos mira con la tristeza de haber sufrido el hambre desde mucho antes de salir de la tripa de su madre. Ella le acuna esperando que el pequeño coja peso cada día y puedan volver a casa. Munir parece perdido entre la ropita que le queda grande debido a la malnutrición de los primeros meses. La enfermera aprovecha el tiempo y se ocupa de pesar a Hasab, un retoño rollizo de más de dos kilos que acaba de nacer.

Seguimos por los pasillos vacíos de la maternidad donde, a pesar de la pobreza, se aparcan camastros de hierros oxidados recién pintados y jergones viejos con sábanas que aún huelen a limpio. La hermana enfermera quiere que conozcamos a otra mujer que sí es motivo para la esperanza. Ya hemos oído hablar de ella a los cooperantes. A la entrada del inmenso “nido” lleno de cunas blancas, nos presenta a Uleima, la joven madre de gemelos que nos recibe con resignada sonrisa, unos ojos negros inmensos y la piel de ébano tan brillante como su mirada. Sabe que venimos a conocer al bebé que le queda.

Bajo su manto verde bordado de grandes flores, aparece una pequeña cabeza tocada con un gorrito de algodón de gasa. Su hermano gemelo ya está enterrado y poco a poco sólo será un recuerdo. Pero él está sano, dormido y en el lugar indicado para seguir viviendo. El hospital es para muchas madres la última oportunidad de salvar a sus bebés, no la primera.

-“El gobierno de Nigeria es el que menos gasta en sanidad de toda África-, apunta Raquel Palmer, responsable de Save The Children en Europa-. Nigeria es el país africano con mayor índice de muertes de recién nacidos. Su voluntad política sigue siendo el principal escollo para mejorar la estadística. Es un problema más grave que el dinero, ya que la mayoría de las muertes que se producen al nacer son fácilmente evitables. Sólo el 1% de los niños duerme bajo mosquiteras tratadas con insecticida que les proteja de la malaria. Sólo una cuarta parte de los bebés deshidratados son atendidos convenientemente y apenas un 33% de los niños con neumonía reciben algún tipo de tratamiento”.

La maternidad, a pesar de todo, es un lugar lleno de vida, de pequeños corazones latientes y diminutos pulmones que se ensanchan para captar oxígeno aunque no siempre tengan una mano que les acaricie. Sin dejar la sala, captamos la imagen de otro prematuro al que todavía no han puesto nombre sobre la incubadora que lo protege de la dura vida que le espera. Cabe en la palma de una mano, pero duerme a sus anchas tapado con un pañal tan grande que le llega hasta su pequeño pecho. A pocos metros, en el paritorio la vida nace bajo control. En este hospital parece que nace un bebé casi cada minuto. No hay tiempo para la tristeza. Esa se queda en casa de las mujeres que cumplen la ley machista de parir sin ayuda médica.

No queremos irnos sin conocer más finales felices. Junto a la sala donde lavan a los bebés que acaban de nacer, otra madre suspira confiada en la salud de su hijo. Se llama Halifa, es musulmana, como casi todas las mujeres en el norte de Nigeria. Tiene dieciocho años recién cumplidos y la vida le ha dado hoy el mejor regalo que podía esperar: su pequeño ha mejorado y está fuera de peligro. Vino de nalgas al mundo en un parto casero, pero lo más difícil fue que su marido permitiera que el médico de guardia la atendiera en el hospital. Un traslado urgente salvó al niño y a la madre. Ella todavía mira con vergüenza al padre del bebé por no haber sabido aguantar en casa. Como las buenas parideras...

Al otro lado de la sala, en el paritorio, se oye una extraña letanía. Como si alguien diera gracias al cielo. Es Malika, de 26 años que jadea agotada tras ver nacer a su bebé. Junto a la camilla aún encharcada, reposa casi desnuda. La niña que ha salido de su tripa está bien. Logró dar a luz en el hospital por la insistencia de su familia. Malika da las gracias a las enfermeras de pediatría y saluda asintiendo al equipo de cooperantes. Después se vuelve hacia la pared medio desnuda para evitar el objetivo de la cámara.


Nigeria es África en estado puro. Antes de convertirse en exportador de petróleo producía el 96% de su sustento. Ahora es uno de los países importadores de alimentos más pobres del mundo.


Los suburbios de Katsina, Jibia o Abuja, son lugares llenos de vida. Las ciudades de Nigeria están superpobladas, pero la alegría corre por sus calles en las sonrisas de los niños que salieron adelante.

Muchos de ellos no van al colegio porque se ganan la vida acarreando agua de las fuentes, pero el país tiene un 68% de alfabetización entre su pueblo. A cada minuto, los enormes bidones blancos que llevan y traen para vender nos recuerdan que el agua corriente aquí es un espejismo.

Al otro lado de la plaza se oyen voces escolares. Los alumnos de la escuela salen al recreo después de escribir en la pizarra. Nabila y todas sus amigas de la escuela privada llevan la cabeza cubierta como corresponde a la sharia, ley islámica que aumenta en los estados del norte. La religión musulmana predomina en esa zona del país. En el sur, es la católica.




El auge del conflicto entre ambas sociedades coincidió con la llegada a la presidencia de Olusegun Obasanjo, cristiano de le etnia yoruba, en 1999. Desde entonces se ha cobrado ya 13.000 víctimas, incluida la matanza de Jos, en la provincia de Plateau, al este de la capital, el pasado 7 de marzo, en la que murieron al menos 500 personas. En su mayoría eran mujeres y niños cristianos que perecieron tras el ataque de un numeroso grupo de pastores musulmanes sunníes de la etnia fulani. Pero en ambas religiones, también hay cosas en común: la esperanza de vida se apaga poco a poco. En 2011, Nigeria no llegará a los 48 años de media.

Volvemos a casa de Waraka, tras una jornada de seguimiento por los hospitales. Allí ya no hay tiempo para la esperanza, ni andan sobrados de suerte. Hay otras cosas más urgentes: preparar un nuevo entierro. Umia, la pequeña gemela, ha muerto mientras no estábamos; a los trece días de vida. Su madre, sentada a la puerta de su casa y rodeada por su familia, la tapa entre paños de vistosos colores y la llora como si fuera la primera que pierde. Musa, el marido, nos mira y enseña a la otra gemela a la cámara. Rokia ha cogido peso y saldrá adelante. No puede evitar una amarga sonrisa.




Cada año cerca de 9 millones de niños mueren en el mundo con menos de cinco años de edad, la mayoría por desnutrición.





Pasado el mediodía, volvemos a pasar por la casa de Aisha. El cobertizo de adobe no tiene más ventana que la propia puerta. Dentro sólo hay una pequeña estera trenzada a mano, dos bidones y una caja de madera de frutas sobre la que reposa un cartón de leche enmohecido. En el umbral, su vecina nos alerta. Aisha salió con urgencia para buscar ayuda. Fátima no estaba bien. En la maternidad del hospital tardaron varias horas en atender a la niña.
La pequeña es fuerte pero aún tiene que luchar. Está en la UCI infantil. Diagnóstico tardío: meningitis. La traditional midwife, que la ayudó a nacer, le lleva por si acaso un saquito de hierbas medicinales del puesto que regenta su marido en el mercado de Jibia, a 20 kilómetros de Katsina. Aisha se lo agradece con lágrimas en la mirada. La medicina tradicional de las matronas nigerianas es la más utilizada por los pobres, pero su instrumental para atender un parto, como esa cuchilla oxidada, daría escalofríos al hombre blanco.

Cae la tarde en el suburbio de Katsina. Hamballi, el vecino de Waraka, ha vuelto por fin a su casa de adobe. Sus tres hijos entran cabizbajos. Al volver del hospital todos llevan el dolor asumido en la mirada. No traen buenas noticias.

La madre dio a luz a dos gemelos, sí, pero murieron en el parto. Un día después ella murió también de una hemorragia que nadie supo atender con garantías. Se fue con ellos. Nada se pudo hacer. Fue tarde incluso para acudir al hospital. Hamballi prefería que los bebés nacieran como él, en casa. En Nigeria, la tradición dicta sentencia demasiadas veces. La muerte en África, como en todas partes, es enemiga de la vida, pero allí la vida es demasiado corta para darse cuenta de la muerte. Ya lo advirtió en sus versos el poeta africano.

“Aunque llegué al final del viaje,
Jamás sentí que hubiera llegado.”

(Wole Soyinka, Premio Nóbel nigeriano de literatura, 1986)

Fotos: Pep Bonet © , http://www.pepbonet.com/
Texto: Ignacio Jarillo ©

Más información y cooperación:



www.savethechildren.es
Teléfono: 902013224

lunes, 17 de enero de 2011

LA CADENA DE SORPRESAS


2011 es para casi todos un año sospechoso. La experiencia de 2010 nos ha hecho ser más cautelosos de lo previsto. Todos hemos deseado Feliz Año casi con la boca pequeña porque en realidad no nos lo creemos demasiado. Pero la crisis no sólo trae cosas malas: paro, impago de deudas, desahucios, más paro..., la crisis está haciendo más humano al ser humano, dentro y fuera de Madrid, dentro y fuera de España y está llena de sorpresas.

Y es que desde hace unos meses surgen miles de iniciativas encaminadas al ahorro de esfuerzo, de gasto y de tiempo y aumenta el consumo de algo tan denostado como la solidaridad entre iguales: cada vez hay más gente que comparte tartera en el trabajo, coche, combustible, libros de texto... Internet está plagado de webs para promover el trueque, tú enseñas inglés a mi pequeño los martes y jueves y mi hija mayor da clases a la tuya de matemáticas; te cambio la consola de videojuegos por tu bicicleta de montaña. No me digan que no es genial. Necesitaríamos la mitad de la mitad de lo que compramos si fuéramos así siempre.

Pues bien, ayer un desconocido me cambió su ticket de turno en una ventanilla de la Seguridad Social porque me vio mirar el reloj y me ahorró media hora de espera, "yo no tengo tanta prisa", me dijo. Me quedé de piedra, le di las gracias y él a mí una tarjeta. En ella podía leerse: "¿sorprendido?, ahora te toca a ti hacer una buena acción". No, no era su tarjeta de visita era la tarjeta de La Buena Cadena, The Good Chain. Se alejó invitándome a que investigara sobre ella. Acudí a la página web www.thegoodchain.org y me encontré con una larga cadena humana de personas que se hacen favores unos a otros y se pasan esa tarjeta blanca y verde.

Me pareció una idea genial. En dicha web encontré historias de gente que hace buenas acciones a otros, conocidos o no, por el puro placer de ayudar y de dar ese mensaje de cooperación, de ayuda, de humanidad. Resulta que un tipo contaba que el operario de la cabina de peaje de la autopista R2 le dio una tarjeta como esa de parte del conductor que acababa de pasar por la barrera y le dejó pasar sin pagar porque el de delante ya le había pagado el peaje.

Otra mujer contaba cómo un joven desconocido le regalaba un poemario que ella había hojeado en la librería en la que estaban ambos, y por supuesto con la tarjeta. Así hasta que oí una entrevista en la radio a uno de esos "ángeles" que se dedican a repartir tarjetas y buenas acciones. Era alguien que ni siquiera dio su nombre completo. Dijo: "sólo soy parte de la cadena humana de favores que pretende despertar el ser humano que llevamos dentro". Ya ven, la crisis todavía es capaz de sorprendernos. Hoy saldré a la calle con mis tarjetas blancas y voy a dar más de una sorpresa.

martes, 11 de enero de 2011

EGUIGUREN SE COLÓ



El líder de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren casi acierta pero la realidad siempre estropea una buena noticia. Se coló, como se cuelan los que siempre piensan así. Aseguró que ETA iba a dar un paso definitivo en Navidad y sin embargo estamos donde siempre o casi. Lo que hizo ayer ETA fue una concesión a Batasuna, a regañadientes a marchas forzadas, porque una necesita de la otra y viceversa, porque se acercan las elecciones y hay que estar como sea. Pero puestos a concederles un poco de margen, creo saber cuál es para ellos su gran avance.

Y es que hay un ligero matiz que a muchos se les escapa porque no lo he leído en ningún lado. Voy a hacer como el ministro de Interior, me pregunto y me respondo: ¿dónde está el matiz? en la palabra "general", así de sencillo.

Alto el fuego general, para ETA, quiere decir que en teoría no habrá asesinatos, pero tampoco extorsiones a empresarios, secuestros, robos de coches, aprovisionamiento de armas en zulos, violencia callejera, etc. Es decir, han pasado de treguas con licencia para seguir operativa a un parón total, como si eso fuera una oferta irrechazable, un gran paso adelante. Así son ellos, creen que abren la mano cuando ya nadie tiene interés siquiera en saludarles. Van demasiado tarde, pero ¿saben por qué van a su ritmo?, creo que al final de los finales alguien querrá escuchar su mensaje y volverán a crear discrepancias entre los partidos democráticos.

Sin el dinero que proporcionan las instituciones no hay manera de subsistir ni para ETA ni para Batasuna. Ha sido casi un favor personal de la una a la otra, porque a ETA no le apetecía nada anunciar otra tregua. Por eso el comunicado no fue "más allá", porque no quiere ir más lejos. Está muy bien donde está, en la cueva, detrás de la máscara. Sin embargo ETA necesita a Batasuna y por eso ayer hizo lo que hizo: hablar "casi" de lo mismo... Alto el fuego permanente es una término ya acuñado en anteriores ocasiones y sigue siendo tan contradictorio como ellos quieren, porque un alto el fuego por naturaleza es provisional, nunca permanente. Nadie dice que llevemos 70 años de alto el fuego permanente desde la guerra civil. Alto el fuego general es otra cosa: Ojo, esta vez no seguiremos extorsionando, ¡Qué progreso!

Saben que tienen mucho terreno y tiempo por delante, saben que siempre que quieran serán protagonistas, por encima incluso de Batasuna, saben que hay quien les escucha y saben, finalmente que, visto desde el exterior , su caso se dulcifica y permite escenarios y lenguajes mágicos con términos como proceso de paz, mesa de diálogo, etc. ETA no es lo que era, de acuerdo, pero no da puntada sin hilo y de todo el entramado, mal llamado abertzale, son los que más se la han jugado, por eso quieren seguir siendo los que mandan que para eso van de la cueva a la cárcel y de la cárcel a la cueva. Pero Batasuna no lleva bien el frío clandestino y sabe que su futuro está en la plaza del pueblo, no en el monte.

martes, 14 de diciembre de 2010

HAY TRABAJO, NO HAY DINERO

El Gobierno de mi país está dispuesto a prorrogar el estado de alarma, instaurado por primera vez desde que llegó la democracia a España, tras el parón insufrible de los controladores de vuelo. Supongo que en la práctica todos estamos de acuerdo. No queremos más escenas de aeropuertos llenos de gente amargada, protestando al vacío del espacio aéreo.

Es posible que dicha situación, con militares de por medio, incomode a más de un político al que "lo" militar sólo le suena a estado de excepción, pero creo que si para algo sirven los militares en época de paz es para ayudar en estas y otras tareas. Su vocación de servicio a la patria no sólo está para luchar por ahí fuera en guerras en las que no estamos todos muy de acuerdo.



Sea como fuere, creo que a muchos lectores no les suena tan grave lo de "estado de alarma" si se trata sencillamente de garantizar que estas navidades todos podamos viajar y encontrarnos con los nuestros sin más problema que el de coger aviones, coches, barcos o trenes. Y no les parecerá grave porque, en el fondo, no nos fiamos ni un pelo de los controladores u otros colectivos que aprovechando la tesitura puedan volver a amargarnos la vida con un parón similar.



Que no se nos llene la boca de democracia defendiendo los derechos de los trabajadores porque todos sabemos que algunas huelgas, parones, o como queramos llamarlo, son patadas que cada colectivo le da al gobierno de turno en el trasero de cada uno de nosotros. Y eso no es justo, ya no.



Dicho esto y como Omnia Possum está para decir alguna verdad que otra aunque duela, creo que los controladores tienen su verdad. No tienen derecho a quejarse con el dinero que ganan pero es cierto que falta personal, si no, no estarían haciendo tantas horas extra. Al final el problema es el de siempre: falta dinero para pagar personal, como en todas partes. Aena lo sabía, lo sabía el gobierno y lo sabían los controladores.



Y esa falta de personal les ha venido muy bien mientras cobraban muchas horas extras, porque son los mismos en número que cuando empezó a multiplicarse el volumen de vuelos que entran y salen del país hace quince años, hasta que no han podido más. Al final, a unos por codiciosos y a otros por poco previsores, les ha estallado el problema entre las manos y hemos llegado al esperpento: trabajan tantas horas extras que el propio Estado no puede pagarles más. Por eso, o dejan de trabajar o contratan más gente. ¿qué ha pasado?, ni lo uno ni lo otro, el desastre.



Por eso me alegro de que se mantenga el estado de alarma. No está la Navidad para más sustos y el gobierno hace bien en no fiarse porque no puede permitirse un nuevo escándalo como el del pasado puente de diciembre.



Y lo siento por los "descontrolados" que esta Navidad tienen que obedecer manu militari y cumplir sus turnos. Quisiera que esta medida de excepción fuera un aviso a navegantes para todos aquellos que están dispuestos a amargarnos el poco tiempo libre que nos queda, pero también es oportuno que la gente sepa que aquí ha pasado lo que pasa en muchos otros casos en España:



No es que haya paro porque no hay trabajo, claro que hay necesidad de cubrir puestos de trabajo. El problema es que no hay dinero para pagar sueldos a esos puestos de trabajo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Esta Navidad, regala consumo

¿Y esta Navidad 2010 ...qué hacemos, ahorramos o gastamos? Es la peor paradoja de la economía actual porque normalmente una cosa será mejor que la otra en función de nuestras posibilidades.
Si no andamos bien de dinero ahorramos y si nos sobra podemos hacer un gasto extra. Así ha sido siempre, ahora ya no. Ahora le va mal a casi todo el mundo y eso nos obliga a consumir si no queremos quedarnos mañana sin trabajo.
Hemos llegado a una economía globalizada tan sensible que ahorrar puede volverse en contra si todos hacemos lo mismo. Los expertos creen que este mes gastaremos un 1’2% menos que el año pasado: unos 600 euros por familia. Y nos recuerdan que salir de compras y gastar lo poco que tenemos puede ser el mejor regalo que nos hagamos. ¿Por qué?, porque si nadie compra nadie vende y nadie gana y no hay para pagar sueldos y nos echan y entonces tendremos menos dinero y... ya saben el final de la historia: más paro, más pobreza.

Por eso es bueno gastar. Eso reactiva el consumo y mantiene a flote a las empresas. Por pequeño que sea el gasto. Lo importante es que todos los que podamos gastemos. Como siempre, la fuerza la hace el grupo. Y en este grupo estamos todos. Los que tenemos trabajo y los que no. No hay fórmulas mágicas, excepto que quizá esta navidad gastemos con más cabeza que corazón: hay muchos productos clásicos de estas fechas que suben su precio porque todos queremos estar a la altura del vecino, algo muy español por otra parte. Y eso no es gastar bien.
No somos menos si este año no hay cordero, ni consola de videojuegos, ni viaje a la nieve, ni champán francés, ni jamón de pata negra, si no vamos sobrados. La Navidad, como la vida, tiene sus luces y sus sombras, pero también sus cenas, sus regalos y sus cabalgatas que están a la vuelta de la esquina. Quizá este año no podamos decir sí a todo.
A pesar de ello, disfrutemos del presente como lo que es: un regalo. Gastemos porque es bueno para todos. Lo único que hay que hacer es utilizar el sentido común, el que nos faltó en los últimos años cuando el dinero estaba barato y nos metimos en créditos poco asumibles. Salgamos a la calle con lo poco que tengamos y busquemos la mejor opción para que no le falte de nada ni a nuestra mesa, ni a nuestra familia, ni a nuestro amigo invisible. Que el futuro no está hecho de miedo sino de buenos propósitos que debemos ir cumpliendo en el presente.

lunes, 15 de noviembre de 2010

SAHARA, PALESTINA ATLÁNTICA

Mi amigo Ridouan me lo decía:” los marroquíes no necesitamos la democracia como vosotros. Nosotros venimos de los Almorávides, nos entregamos a un líder político y religioso que nos lleve con mano dura. Es así.” Ridouan vivía hace veinticinco años en una chabola de Boadilla del Monte. Ahora, mirando al sur, recuerdo mejor sus palabras que su rostro y todavía me pregunto si llevaba razón.
Porque quiero pensar que Marruecos será algún día realmente democrático. Hoy por hoy Ridouan tiene razón. Nuestro incómodo vecino está desplegando su peor talante en el Sahara durante estos días. Mohamed VI sabe que tiene patente de corso en El Aiún a pesar de las acusaciones de violación de los derechos humanos y contra la libertad de prensa.

Detenidos, torturados y miles de jóvenes saharauis en Argelia, dispuestos a asaltar el muro que les separa de Marruecos a pesar de las minas antipersonal que lo protegen. Francia mira para otro lado, su país está lleno de marroquíes dispuestos a echarse a la calle a las primeras de cambio. España no sabe, no contesta, no sea que se aviven las llamas de final de verano en Ceuta y Melilla. ¿La Unión Europea?, no ve o no quiere ver lo que puede pasar de aquí a unos meses al otro lado del Estrecho.

Así las cosas, el gobierno de Rabat actúa, convencido además, de que es Argelia quien extiende las arenas movedizas del desierto para agravar el conflicto en los campamentos ocupados de El Aiún. Y en Tinduf, sede histórica del gobierno saharaui en el exilio, se oye ruido de sables: El Frente Polisario quiere que se cumpla la última resolución de la ONU de 2003, en la que se pide un acuerdo y la libre determinación del Sahara.

Pero eso no va con el rey de Marruecos. Mohamed VI no acuerda nada con nadie. El Sahara es para él, lo tiene claro. Sólo con las riquezas de fosfatos que salen del territorio ya es suficiente para justificar una ocupación que se prolonga desde la Marcha Verde, ordenada por su padre, Hasan II hace 35 años, con Franco agonizante. Marruecos y El Sahara pueden ser en breve la Israel y Palestina del Atlántico.

Y todo eso no es bueno para un país como el nuestro que no olvidará jamás cómo se las gasta el extremismo islámico que vino a Madrid de Marruecos una mañana de marzo, hace muy pocos años.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

MI PROFE-COLEGA


Procuro no perder nunca la capacidad de sorprenderme. La costumbre hace ley y lo anormal ya es normal. ¿Han visto la campaña de la Comunidad de Madrid?: “Defendamos a nuestros profesores”. En pleno siglo XXI y en una de las comunidades autónomas con más desarrollo social, cultural y económico hay que concienciar a alumnos y padres para defender a los profesores. En veinte años hemos pasado del ¡salga de clase! al ¡ya verás cuando se entere mi padre!. Y si acudimos al colectivo afectado, su opinión es demoledora: -alumnos y padres no nos respetan y el colegio, tampoco-, dice David, maestro de primaria.
Lo que hay es miedo a los padres de esta generación. Nos creemos con capacidad para cuestionar los métodos y las decisiones a la hora de suspender, castigar o llamar la atención a los hijos. Nuestros padres confiaban en los profesores, ahora nunca son lo suficientemente buenos para nuestros hijos. ¿Por qué?, ¿no creéis que a los padres de ahora nos falta un poco de humildad, que no somos tan buenos, ni estamos tan preparados como pensamos?, ¿no habrá carencias de tiempo y dedicación con nuestros hijos que queremos que suplan ellos?

Y lo peor es que el centro educativo no quiere problemas con los padres porque enseguida un periódico o una televisión va a aprovechar cualquier incidente para airear el asunto y eso no es bueno para la dirección del centro. Resultado: la cultura del esfuerzo se desvanece poco a poco y las cifras de fracaso escolar no mejoran, por eso tres de cada diez alumnos españoles abandona los estudios obligatorios antes de graduarse.

En la Comunidad de Madrid, donde escribo, el porcentaje ronda las mismas cifras, parecidas a otras regiones de España. No hay motivación, porque de la falta de respeto hacia uno mismo como padres y como alumnos nace la falta de respeto hacia el profesor.

Quizá haya cuestiones de forma, como el tratamiento de usted, que se han perdido por ser demasiado “antiguo”. En el centro donde estudian mis hijos se ha llegado a plantear la posibilidad de hacerlo, pero los primeros en protestar han sido...algunos padres. Es posible que debamos reflexionar sobre si al final, como pasa con todo, no será que tenemos lo que merecemos, aunque siempre se pueda cambiar, sin duda.
Para los expertos, esta falta de límites entre profesor, alumno y/o padres ha hecho que perdamos el respeto por su magisterio y eso ha derivado en un coleguismo de igual a igual adquirido por el alumno con su profesor y con sus padres. Un exceso de confianza que ahora pagamos.

Un profesor me decía al comienzo de curso que tiene que convencer a sus alumnos para que no se vayan de un examen antes de tiempo, porque le dicen: -es que he quedado y como he hecho tres preguntas bien, con eso ya llego al 5-. ¿Puede alguien imaginar la escena de un maestro rogándole a un alumno que no se vaya del examen?

Otra profesora se me echó a llorar el año pasado cuando le dije que no tuviera inconveniente en reprender a mi hijo. Entre lágrimas reconoció: -es usted el primer padre que me da permiso para hacerlo. ¿No es para sorprenderse?. Parece que no.

Hoy por hoy tampoco lo es tener que defender al profesor, ¿de quién, de mí, de mi hijo...? Tengo la impresión de que el problema y la solución están en casa, no en el colegio.

lunes, 25 de octubre de 2010

HABLAR CON EL DE AL LADO


Hace ya tiempo escribí para este blog un artículo sobre las cosas buenas que nos traerá la crisis que vivimos. No le pongo adjetivos porque no es sólo económica. De hecho, muchas de estas páginas han tenido siempre ese argumento latente: los momentos duros de la vida son los que nos refuerzan.
Y cada día que pasa me doy cuenta de que lejos de ser un mensaje de ánimo es una verdad poco cuestionable. Una verdad que podemos utilizar o dejarla ahí, enmarcada en nuestra pared, como esta foto de la Habana Vieja, para mirarla de reojo sin hacer mucho caso de su potencial. A esta linda escena ellos lo llaman "cubaneo"; hablar pasando el rato, ayudados por la compañía del otro, protegidos por el grupo. Uno me deja una pieza para el motor del carro, yo le enseño a su hijo a dividir por dos cifras, el otro baja un refresco y... juntos no esperamos tanto de la vida, para que no se nos pase la vida de tanto esperar.

Hay muchos pueblos en el mundo que saben de lo que hablamos: cubanos, saharauis, gitanos.. la lista es interminable. Pero son los que tienen la versión más actualizada del mundo; la que les permite preocuparse sólo por lo importante: mantenerse unidos con el de al lado, con el grupo local, no con la red social de la pantalla.
A lo peor, los beneficios que sacamos de sobrellevar la crisis no se ven a corto plazo, no pueden ingresarse en el banco, no nos sitúan en los puestos de cabeza y por tanto, no nos valen. A lo mejor, es que estamos confundidos de carrera o que simplemente no hay que participar en ninguna. Puede que estemos equivocados de base y entonces... ¡para, quieto, Dios, mío! -te imagino lector- : no sigas por ese camino que te veo venir. ¿Es este un artículo de esos en los que nos dices que otro mundo es posible?...¡no sé si hoy tengo el día para soportarlo!

Tranquilo lector, hoy ya he gastado mis energías recordándoselo a mi hijo. Él todavía puede creer en eso y hacer que el mundo sea distinto. Él y los que son tan pequeños como él sí podran cambiarlo: ayer le sorprendí cerrando el grifo de la ducha para enjabonarse. ¿A que ese simple gesto no te parece tan fácil?. para él, si. No espera de la vida que el agua dure para siempre.

Para muchos ya es tarde para ahorrar agua, compartir gastos con el vecino, pero para los hijos puede ser lo normal. Al mío no quiero ponerle piedra en el camino, ni inculcarle el malgasto, o el miedo a no llegar alto y mil un prejuicios que aún llevo dentro. Tengo bastante con saber que mucho de lo que sé lo sé mal, lo mismo que les ocurrió a nuestros padres, abuelos...

Ahora deseo que nuestros hijos piensen por sí mismos un poco cada día. Que se diviertan mientras aprenden, que les tomemos la lección preguntándoles cómo aplicarían lo que están aprendiendo y por qué no les gusta o por qué si, que pasemos más tiempo hablando con ellos o con cualquiera. Creo que el ser humano es mejor cuando habla con el ser humano, cuando se comunica, cuando se expresa, pero sobre todo, cuando lo hace cara a cara, con un hijo, con un hermano, con un vecino.

Porque la globalización me acerca al otro lado del planeta con un e-mail, con este blog, con las mil caras del facebook, pero me aleja del que tengo al lado. A él dedico estas líneas. Tiro la última frase de este artículo contra mi propio tejado: Deja de leerme desde cualquier lugar del mundo y habla más conmigo que me tienes más cerca.