Los madrileños más castizos y los que no lo son, utilizan la preposición ”de” como locución adverbial de modo, para definir un estado de ánimo temporal, que tiende a durar poco. "Aquí... de lunes" o "ando de bajón", son expresiones y, en el fondo, lugares comunes que utilizamos a menudo para que los demás comprendan nuestra manera de afrontar algo. La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.(George Orwell)
BLOG DE PERIODISMO URGENTE
miércoles, 14 de diciembre de 2011
DE PUENTE
Los madrileños más castizos y los que no lo son, utilizan la preposición ”de” como locución adverbial de modo, para definir un estado de ánimo temporal, que tiende a durar poco. "Aquí... de lunes" o "ando de bajón", son expresiones y, en el fondo, lugares comunes que utilizamos a menudo para que los demás comprendan nuestra manera de afrontar algo. jueves, 1 de diciembre de 2011
INVIERNO POCO HECHO
Aún está por llegar pero ya se acerca. Será una época larga, unos días oscura pero otros, amanecerá luminosa, radiante y fría; ese frío seco que nada tiene que envidiar al húmedo de la costa, menos apetecible en esta época del año. viernes, 11 de noviembre de 2011
EL HOMBRE MANSO
Los alemanes necesitan 343 horas menos para hacer lo mismo. Y la OCDE nos recuerda como siempre: también somos los menos productivos.
Nos sobran horas en la oficina, aunque debemos poner en nuestro haber las virtudes de los españoles en el trabajo. Muchas de ellas son inmejorables, nuestra capacidad creativa, nuestro impulso inicial ante un nuevo proyecto, la generosidad, el compañerismo, la solidaridad, el ambiente en el trabajo. Pero también debe reconocerse nuestra afición a la calle, al encuentro, a salir a tomar algo después de trabajar e incluso antes de terminar. Ahí falla algo.
En España no superamos el 5% de teletrabajadores. Cuesta irse del trabajo. Y en nuestro país las únicas que acuden sin perder un minuto a casa son las mujeres, casadas o no. ¿Porque son más europeas? No, según estos estudios, porque administran mejor su tiempo.
¿Se imaginan una España gobernada por madres directivas en la proporción de hombres que hay ahora?, ¿todavía creen que estaría la luz de la oficina encendida a las ocho de la tarde? Ya sé que no tiene por qué ser una cuestión de sexo. Bueno, atendiendo a estos indicadores, un poco sí.
martes, 25 de octubre de 2011
LA EMOCIÓN VASCA
El nacionalismo no es una idea política, es un sentimiento. Una pasión que engloba a las cuatro emociones universales: la tristeza, la rabia, el miedo y la alegría, según el manual de psicología moderna. el nacionalismo nace sin nación previa, de la mente de alguien resentido con la vida, pero es legítimo.
Decía Jon Juaristi, antiguo miembro de la ETA más histórica e idealista, ex director de la Biblioteca Nacional, escritor y autor del ensayo El Bucle Melancólico (Premio Nacional de Ensayo 1998), que la nación no preexiste al nacionalismo. En el caso del País Vasco, eso es tan cierto como histórico, que nunca existió un estado, país o nación vasca más de lo que existe ahora. Euskadi, Euskal Herria (con las tres provincias francesas Lapurdi, Benavarra y Suberoa), La Gran Vasconia (no quieran saber hasta dónde puede llegar) o Vascongadas (como lo llamaba Franco y curiosamente ahora Bildu) son un concepto moderno forjado legítimamente en los últimos 100 años, pero carente de historia real. En todo caso hay que respetarlo porque el nacionalismo nace así, sin nación previa, casi siempre de la mente de un resentido con la vida, con alguien cercano, sus padres, su familia, su entorno.
el nacionalismo es una emoción y las emociones se sienten, no se someten a votación.
Tenemos ejemplos sobrados en la historia. Nace de una pena individual (o sea, de un hombre quizá maltratado) que se lamenta de no haber sido feliz y por eso crea la nostalgia de lo no vivido, y su vida se convierte en un aullido contínuo a la luna que nunca le deja mirar hacia adelante. Nace de una melancolía que tanto daño le hace a él, individuo promotor de esa nostalgia, como al colectivo al que subyuga.
De pronto, muchos quieren ser así, nacionalistas. Y con el paso de los años ese sentimiento de tan fácil arraigo acaba extendido como una verdad casi incuestionable. Sin embargo, es legítima. Todos podemos decidir ser algo nuevo de repente. Los demás deben asumirlo, respetarlo. Sobre todo si cada uno defiende su idea en la plaza pública, abierta y democrática que es nuestra sociedad. Otra cosa es que la mayoría de los que acude a votar a dicha plaza acepte los deseos de los que tienen ese sentimiento. Eso es la democracia , pura razón: defiendo mis ideas y si no logro los apoyos, acato la mayoría y ya volveré a intentarlo al día siguiente (o cada cuatro años).
del nacionalismo primero nació la nostalgia por lo que podría haber sido y no fue, provocando una pena crónica.
Todo eso acurruca y reconforta al colectivo y a su líder; toda esa mitología lo defiende de los hostiles amenazantes, como un imago protector, allende los montes. Emocionante, sin duda, incluso para alguien de fuera. Y desde Arana Goiri hasta nuestros días ese sentimiento ha ido pasando por las cuatro emociones fundamentales:
La tristeza: porque del nacionalismo primero nació la nostalgia por lo que podría haber sido y no fue, provocando una pena crónica. Esto es quizá el patrón más extendido contra en el que trabaja a diario la psicología universal para curar a sus pacientes. Y todos los terapeutas coinciden en que estar triste por lo que nunca fuimos no nos deja mirar al futuro, nos atasca, nos retrae, nos impide socializarnos y hace que veamos en el otro a un enemigo con el que nada debemos compartir. En la tristeza entramos en una queja perenne, en ese bucle melancólico al que nos habituamos y del que nunca nos atrevemos a salir, sobre todo porque ya estamos acostumbrados a él.
La rabia: seamos sinceros, ni la república ni especialmente el franquismo ayudaron mucho a contenerla. Fue más bien una larga mecha de casi cuarenta años que necesitaban los melancólicos para hacer estallar por las bravas su proyecto. Esa rabia contenida se extendió a mordiscos y los contagiados echaban espuma por la boca hacia una España tan obsesionada por la unidad como Franco, otro melancólico de tan dura infancia como Arana. Otro alma ofendida que se lamentaba de que la nación en la que vivía no estaba tan unida como la que llevaba dentro. Pero esa unidad española era un subterfugio, una manera de querer ser dueño de toda España, cuanto más unida, más suya. Lo mismo le pasó al dictador alemán, al italiano, al ruso, al cubano, al argentino, al iraquí, al tunecino, al libio. A todos les pudo la emoción. Y eso siempre tiene un coste que debemos de aceptar.
todavía pagamos su rechazo, su odio, sus ganas de irse. Aquella España franquista todavía no deja respirar a esta.
La España del Movimiento despreció a Euskadi, a su lengua, a su historia y somos nosotros, sus nietos, los que les miramos perplejos diciendo: ¿cuándo se os acabará la rabia, cuándo empezaréis a querernos?. Nuestros abuelos os hicieron daño, no nosotros. Por eso pagamos todavía su rechazo sempiterno, su odio, sus ganas de irse. Reconozcámoslo, aquella España franquista todavía no deja respirar a esta. Y en plena decadencia de la dictadura, cuando a los muros del régimen empezaron a salirle ratas por las grietas, apareció la tercera de las emociones universales:
Tras más de ochocientos muertos y más de cuarenta años, casi otra dictadura, de guerra sin cuartel (a veces sucia), ETA acaba acorralada. Pero su lucha no ha sido en vano y su posible adiós a las armas puede que tampoco. La banda terrorista se sabe derrotada, asfixiada incluso por los suyos, que parecen decirle: sé lista. La muerte ya no vende como antes entre los nuestros y ahora lo que toca es usar la palabra, jugar a su juego, a la democracia de la plaza pública. Vamos a demostrarles que ya no necesitamos pegar tiros para ganar voluntades y en el peor de los casos les diremos:¿veis cómo sin muertos tampoco nos dejáis ser independientes? , y si no nos dejan siempre podremos empezar de nuevo, volveremos a la tristeza, de ahí a la rabia, de la rabia al miedo y del miedo a... ( de nuevo el bucle melancólico). Pero estamos contigo. Lucharemos por la independencia". Eso parecen decirle a ETA.
Que cada uno defienda lo que quiera hasta conseguirlo... o no. Y si es no, saber aceptarlo razonablemente.
La alegría: esta sí nos llega a todos. A unos porque respiran aliviados y a otros porque de antagonistas pasan a ser protagonistas, o sea que siguen teniendo un papel estelar en esta película. La alegría es alegría en todo caso. Disfrútela cada cual como quiera. Antes se mataba y ahora ya no. ¿No merecen un premio los vascos por haberlo arreglado? Sinceramente, puede que sí. Pero el premio debe ser vivir en paz, acostumbrar a esa gente oscura a levantarse por las mañanas e ir a trabajar, no otro. Más tarde, acudir a la plaza del pueblo y proponer sus ideas por imposibles que sean, incluso sus ansias de independencia una y otra vez. Que cada uno defienda lo que quiera hasta conseguirlo... o no. Y si es no, saber aceptarlo razonablemente. Dejar la emoción que tanto daño les ha hecho y mirar hacia su futuro individual, a la prosperidad de su familia, no tanto a la de una nación vasca, gota de agua en Europa, que quizá sólo es un pretexto demasiado universal para no ocuparse de uno mismo.
Hay alegría, si, pero no para todos. No para las víctimas que merecen al menos saber que los que mataron pagaran su pena. Hay alegría, si , pero a mí se me acaba donde empieza otra vez la tristeza. No la mía, la de Ermua, Vic, Zaragoza, Vallecas y ...¡ciudado!, ¿lo ven?, casi no me doy ni cuenta y caigo yo también en el bucle melancólico. Estén alerta, puede atraparnos en cualquier momento. Por mi parte, sólo ha sido un instante de emoción.
martes, 18 de octubre de 2011
EL RIO NACE LIMPIO
jueves, 6 de octubre de 2011
LAS BICICLETAS SON PARA LA CRISIS
Llegará el frío, sin duda, pero estamos teniendo un otoño como para salir a trabajar en bicicleta cada mañana, aunque no lo hagamos. Y si no lo hacemos es porque no estamos dispuestos a cambiar. Y como muchas otras cosas buenas que nos traen los malos tiempos, cada vez vemos a más vecinos utilizar los pedales para sus desplazamientos. Somos el mejor país para dar pedales y casi el peor para utilizarlos. Todo está en la mente, en la actitud ante el cambio. Y no podemos decir que nuestros ayuntamientos no nos ayudan. El carril bici está por todas partes, pero sigue siendo un gran desconocido y malentendido. ¿Tiene que aumentar la crisis hasta el punto de llegar a necesitarlo porque todo el mundo se quedará si dinero para gasolina?
Espero que no, que no necesitemos ir en bici para descubrirla. Para los más incrédulos, para los que prefieren seguir echando humo, quizá una ecuación a base de lo que nos ahorramos en gasolina y ganamos en salud pueda convencerles. Podemos animar a los que se resisten a pedalear asegurando que ese ejercicio diario mejorará su físico pero también su cerebro, su forma de ver la vida, tenga los años que tenga.
Porque estamos hechos para estar en movimiento y nuestro metabolismo lleva miles de años preparado para la actividad, no para el sedentarismo absoluto. La crisis es una buena excusa para ahorrar dinero, ganar salud y autoestima. Nuestros pueblos son todo un aliciente para conocerlos a diario con un paseo en bici hasta la tienda que abrimos cada mañana o la oficina que nos espera.
Y si vamos a la gran ciudad, ya lo saben: RENFE-Cercanías deja por fin subir la bici, incluso en horas-punta. No sé si habrán montado en bicicleta este verano, pero da gusto utilizarla este otoño cálido para atravesar la crisis de lado a lado.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
NO ESTAMOS TODOS
Así es el momento en que vivimos. Una época que comenzó hace casi cuatro años y que poco a poco ha ido cambiando el semblante de nuestro país, de nuestra comunidad autónoma y de nuestros pueblos, incluso en áreas residenciales como las que he citado. De la precariedad de empleo basura pasamos a la dificultad de mantener nuestro trabajo. De esa amenaza pasamos a conocer a alguien cuyo pariente cercano lo había perdido. Más tarde era un vecino conocido, otro día un amigo íntimo o un hermano y por fin nos toca a nosotros.
Cada vez seremos más españoles por el mundo, quizá no tan maquillados y editados como los que vemos en la tele, pero con la misma sonrisa, la que nos define como luchadores. Todavía no me ha tocado pero cuando esta mañana no he visto a los que faltaban a la entrada del colegio, he pensado: si tengo que hacer como ellos seré un afortunado. Buena suerte a todos, aunque no estemos todos.
domingo, 11 de septiembre de 2011
EL SONIDO DE MANHATTAN
Recuerdo los sonidos de aquellos días. Los gritos, las sirenas, las declaraciones, las imágenes de lo que quedó en la Zona Cero, mi paseo por el Pentágono (donde explotó de todo menos un avión de pasajeros, por cierto), las caras de los americanos, el gesto de impotencia de un pueblo que por fin se enteró de lo que era el terrorismo.
América sabe pelear en las guerras, son parte de su historia. Las provoca, las declara, las tolera, las termina, las pierde, pero nunca se había enfrentado a esto. Hasta esa fecha, Estados Unidos sabía luchar contra el enemigo visible no contra un fantasma, por eso dolió tanto.
Han pasado diez años desde aquel viaje. He recuperado en la memoria los sonidos de aquella historia. Aquí podéis escucharlos. Son cuatro minutos, uno por cada cuarto de hora que duró la pesadilla aérea. Supongo que volveré a oírlos como mi padre recuerda los tiros que le pegaron a Kennedy, porque hay sonidos que son para siempre.
lunes, 5 de septiembre de 2011
ESPAÑA ENTERA
La reforma de la Constitución Española, que limita el déficit del Estado por ley, puede ser el principio del fin del Estado de las Autonomías, tal y como lo conocemos. Porque ése es el verdadero debate de fondo. El debate y la causa principal de que gobierno y oposición se hayan puesto de acuerdo en modificar la Carta Magna en menos de 72 horas. Y eso lo saben muy bien los que mejor hilan en política en este país: los nacionalistas. Equilibrados muchas veces, interesados otras, pero poco a poco fuera de sintonía con una Europa que aglutina y no atomiza. Por eso están que se muerden los puños antes y después de la aprobación de la reforma. Y es que Europa, al final, puede que nos haga afrontar de golpe el gran problema de este país y por el cual tenemos en gran medida la crisis financiera que tenemos: sus autonomías, sus 17 reinos de taifas, su gasto desmesurado a base del "...y yo más". De Pirineos para arriba nos conocen bien y saben cómo funcionamos históricamente. Para estar en el club de los 27 es mejor evitar la trapisonda, la picaresca, el gusto por aparentar y poco producir, algo que quizá se dé también en otras tierras, pero que aquí no nos hace tan competitivos.
Francia, Inglaterra, Alemania... es cierto que nos sacan muchos años de ventaja. Pero no en todo. No en solidaridad, en tolerancia, en simpatía, en generosidad; pero sí en desarrollo, en administración de cuentas y quizá también en respeto por nosotros mismos y por el vecino.
Estamos ante una reforma inopinada, ante la demostración de que cuando los dos grandes quieren, pueden. Incluso reformar una Constitución. Quizá este país necesite una mayoría absoluta fuerte y que dure más de ocho años, sea del partido que sea, pero una mayoría que acabe con los privilegios, con las diferencias, con las especificidades de los que quieren ser diferentes (que al final son todos) y que tanto nos cuesta su diferencia. Me pregunto¿ no sería más rentable, más equilibrado, más social... una España más homogénea económicamente, más entera? Todos, incluso ellos (porque todavía hablamos de ellos y nosotros), saben que sí.
miércoles, 17 de agosto de 2011
DE MADRID AL SUELO
En estos días me toca cubrir los actos del JMJ y la visita del Papa, Benedicto XVI. Madrid es una ciudad que casi está en estado de excepción: cortados durante siete días los ejes centrales de Prado-Recoletos y Plaza de España-Gran Vía hasta Cibeles. Más de 60 líneas de autobuses han cambiado su ruta habitual y se cierra el espacio aéreo para los vuelos privados, además de cortes eventuales de calles afectadas por el dispositivo de seguridad.