Del 15-M no queda mucho en la Puerta del Sol. Por fin se fueron "casi" todos. Queda un punto de información, que se me antoja más un monumento al recuerdo de aquellos días, donde uno puede informarse para seguir indignándose, que otra cosa. En todo caso hicieron bien en irse, hicieron bien en seguir adelante, pero lejos del Km 0.La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.(George Orwell)
BLOG DE PERIODISMO URGENTE
jueves, 23 de junio de 2011
15-M (III) La antártida electoral
Del 15-M no queda mucho en la Puerta del Sol. Por fin se fueron "casi" todos. Queda un punto de información, que se me antoja más un monumento al recuerdo de aquellos días, donde uno puede informarse para seguir indignándose, que otra cosa. En todo caso hicieron bien en irse, hicieron bien en seguir adelante, pero lejos del Km 0.lunes, 6 de junio de 2011
WATCHING IN SILENCE (II): CORE, la ciudad del descanso
Endemoniados, seropositivos, enfermos con brotes psicóticos, alcohólicos, drogadictos, ladrones, personas afectadas por estrés postraumático... ¿queda algo peor en la lista?, probablemente, pero todo es efecto de la guerra y la pobreza. En Sierra Leona cabe tanto sufrimiento como podamos imaginar. City Of Rest (CORE) es un lugar a medio camino entre el infierno de los peores demonios y la luz que se ve al final del túnel, en uno de los países más pobres del mundo. En agosto de 2006, Pep Bonet volvió a la tierra de las minas de diamantes para bajar a los infiernos donde sobreviven los ultrajados por el conflicto. CORE es un proyecto de rehabilitación promovido por la Iglesia de la Liberación en la capital, Freetown, donde tratan tanto a personas mutiladas por los rebeldes como a los niños soldados que aprendieron a matar y ahora aprenden a vivir.
-“Fotografiar City of Rest fue como entrar en un mundo surrealista, en el que nadie, ni yo mismo, estaba seguro de nada. Un lugar de silencio mantenido entre el grito de la locura o el espasmo de la abstinencia. Un purgatorio africano en el que se utiliza la Biblia como terapia y se aplica una receta bien simple: descanso, comida y oración”-, dice Pep.
Los miembros de la Iglesia de la Liberación aseguran que hay pacientes poseídos. Por eso combaten al demonio con la palabra de Dios. Les hacen rezar varias veces al día, comen otras tantas y obligan a los enfermos a descansar. Cada fotografía mantiene la tensión mental que padecen los internos, como si fueran sus ojos los que nos llevan por cada pasillo, por cada celda. El objetivo se centra sin temor allí donde una mano se extienda para coger la nuestra, dejando en segundo plano el castigo de estar detrás de la reja.
Los internos aparecen envueltos en su propia niebla. Puede que la rutina les proporcione un poco de paz pero en sus mentes hay demasiado horror para tan pocos medios. La mayoría de los pacientes son jóvenes de entre 11 y 35 años. Su misión en la vida no va más allá de volver a ser personas con dignidad. Y eso no se consigue fácilmente en Sierra Leona.
-“Allí se pelean entre ellos, unos pasan el día entero en su jergón pronunciando letanías enfermizas o caminan encadenados contando baldosas en el suelo. La mayoría de los internos van medicados hasta las cejas, otros ciertamente mejoran aunque más tarde vuelven a caer. Salen rehabilitados pero fuera encuentran lo de siempre, una vida sin posibilidades, sin dinero y sin el orden que encontraron dentro. Por eso regresan una y otra vez, atrapados por el miedo”- .
La serie de fotografías de City Of Rest, un lugar tan delicado para mostrar la condición humana, acaba siendo un canto a la empatía con los pacientes, un ejemplo solidario entre el que muestra su miseria y quien procura respetarla, evitando el encuadre fácil que esperamos para ofrecer otro que enseña menos pero perdura más.
Idea original y desarrollo, Pep Bonet (World Press Photo y Eugene Smith awarded).
Redacción, Ignacio Jarillo
Más información y adquisición de libro:
http://www.fonart.com/
http://www.pepbonet.com/ (redirigido a web de Noor agency, porfolio global de Pep Bonet y su obra)
WATCHING IN SILENCE (I) : Blind Faith, la fe ciega
Blind Faith (fe ciega) es la primera entrega de reportajes del libro Watching in Silence que publicamos el fotoperiodista Pep Bonet y yo (Editorial Fonart) en mayo de 2011. Una manera de recordarnos cómo viven los que ni siquiera pueden disfrutar de la crisis, los que no acampan para protestar porque ya nacieron acampados.En ese centro de atención de invidentes no hay esperanza para ver de nuevo la luz del día pero sí para el consuelo. Con escasos recursos para recuperar el ánimo de los niños a los que el horror arrebató la vista por culpa de las explosiones o las mutilaciones, la escuela abre sus puertas cada día con un coro de voces que invitan a confiar en un futuro de paz. Allí suena la música del piano a diario. Es la luz que les falta en los ojos.
Los niños sonríen ajenos al fotógrafo mientras las yemas de sus dedos aciertan a leer las páginas en un libro escrito en idioma Braille. Son rostros inermes, ajenos a un objeto que les apunta pero que esta vez sólo disparará para grabar en nuestra retina el rostro quebrado de su inocencia. Así es Kinny, para muchos el modelo más universal de Pep Bonet.
La escuela para ciegos de Milton Margai sigue aún hoy en pie. Entre sus oscuras paredes se cuela el brillo del intenso albor que abrasa los rostros de los que nada ven pero todo sienten. Un desafío para el encuadre en el que la luz forma parte de la historia aunque ninguno de ellos pudiera verla. Sin ella no les veríamos igual entre los muros. A pesar de ella, nunca podrán vernos. Ahora usan otra luz, la que llevan dentro para seguir su camino empedrado de tropiezos.
Cada fotografía es aquí una historia completa, un enfoque autónomo que no necesita de las demás para ser comprendida. Pero si se observa en silencio la serie entera resulta una epopeya de personajes heroicos, inéditos, perfectos. Os invito a mirar en silencio.
sábado, 28 de mayo de 2011
15-M, LA RE-EVOLUCIÓN (II)
La acampada en Sol fue una buena idea. Demostró a los políticos que el motor más joven, con más energía de la sociedad aún es capaz de pensar, de rebelarse y de hacernos sentir a los demás que hay otra forma de hacer crecer esta sociedad. Puede que muchos no estén de acuerdo con esto y lo comprendo, pero en sí misma, la acampada, la manifestación, el movimiento M-15 no fue una mala noticia.Cualquiera que esté de acuerdo con su cabeza sabe que estamos en una situación límite, en circunstancias impensables hace muy pocos años y sea cual fuere su ideología política, cualquiera ha dicho hace poco eso de : no me explico cómo este país no explota por algún sitio. Pues ahí lo tienen, ahí lo tenemos. Por eso acamparon en Sol los que más fácil lo tenían, por edad, por energías. No carguemos las tintas contra ellos. Pero todo tiene un límite.
Ahora la acampada ya no provoca buenos sentimientos, ya no tiene el efecto sorpresa, es víctima de ataques justificados, comienza a traer problemas de orden público, perjudica la venta de los comercios y, en mi humilde medida, se somete a juicios críticos como el que escribo. Luego algo falla.
Mis días entre las carpas pasaron rápido, porque me divertí viendo cómo los protestantes se organizaban en foros de debate, desde seguridad, inmigración, política económica, ciudadanía, hasta asambleas sobre la conveniencia o no de dejarnos grabar a los medios lo que decían ¡en la plaza pública!. Había debates y diálogo en cualquier metro cuadrado de esa plaza, bajo la ausente mirada de Carlos III, ajeno a lo que cocía a sus pies el pueblo de Madrid.
Recuerdo a profesores, madres de familia, jubiladas, trabajadores de banca, estudiantes, mendigos y periodistas, todos unidos en un mismo círculo, casi dándose la razón unos a otros hablando de lo mismo: necesitamos el sistema, si, pero quizá haya que cambiarlo bastante. Todo era posible, pero no interminable. Ahora también hay que cambiar el 15-M. ¿Sirve la acampada, tal cual?, ¿perjudica a demasiados?
Lo ocurrido en Barcelona en la Plaza de Cataluña es un aviso para navegantes. La policía se empleó duro para disolver a los manifestantes, pero éstos tampoco se lo pusieron fácil. Quizá haya llegado la hora de hacer otra revolución: la re-evolución. La resistencia pasiva tuvo su momento, ahora el pueblo está más formado, domina las redes sociales y si quisiera podría organizarse y diseñar un plan de protesta con propuesta. No basta con acampar indefinidamente, hay que proponer y convencer a los demás de que hay otra vida política más allá del bipartidismo, donde la democracia real que muchos defienden sea una realidad en las urnas, no sólo una reunión en la plaza del pueblo.
lunes, 23 de mayo de 2011
15-M, BRINDIS AL SOL (I)
Sol ha sido la puerta de la esperanza para muchos. Sigue siendo un brindis cargado de buenas intenciones. Y que nadie les pida nada más, que sólo son jóvenes sin futuro por ahora, no consejeros de la banca. Bastante hacen con promover la no violencia y la protesta con propuesta. miércoles, 13 de abril de 2011
UN LIDER GLOBAL EN EL PSOE
El Partido Socialista Obrero Español se enfrenta a un final de ciclo. Se cumple así una ley no escrita del subconsciente colectivo que, sea por una guerra sucia, por una mala guerra o por la peor de las crisis, acaba con el gobierno de turno para dar paso al cambio que tanto desea el que aspira a gobernar. miércoles, 23 de marzo de 2011
Libia vale, pero ¿y Gaza?
Libia es hoy, con permiso de Japón, el centro de atención internacional. Las guerras se venden bien en la prensa, nos hacen llenar líneas y líneas e inundan como un tsunami las pantallas de televisión de medio mundo. El otro medio, el de siempre, espera expectante por si se repite la historia de Irak. Y Japón, afortunadamente, no ha estallado en mil pedazos, aunque ha faltado poco y todavía no podamos cantar victoria, o como dicen por allí, Tora, Tora. Está bien, vale. Todo sea por el pueblo libio y sus ansias de libertad. Todo sea por evitar que sufra una población que soporta desde hace más de cuarenta años el mismo yugo de Gadafi y sus haimas. Todo sea por la democracia, por los derechos humanos, pero... ¿Y Gaza?, ¿y Palestina?
Hace tiempo que no oigo hablar de un proceso de paz que sigue siendo como el cuento de la buena pipa: un juego de palabras que no parece importar a nadie. Y mientras, su población, la más densa del mundo, la que no tiene un árbol bajo el que cobijarse del sol, se pudre sin agua potable, sin alimentos frescos.
Gaza sobrevive al socaire de lo que decidan sus vecinos de Israel dispuestos a matar moscas a cañonazos, si pero hartos del terrorismo histórico que padecen. Esa franja palestina mantiene un hálito de vida a merced de sus propios dirigentes, Hamás y Al Fatah, empeñados en mantener la tensión con Israel, como si su sentido de la vida fuera siempre la guerra, no la paz. Parecen acostumbrados al victimismo y adivino su miedo atroz a afrontar una solución que les dejaría sin identidad de pueblo oprimido. A ellos, a los dirigentes palestinos, su pueblo reclama al menos un acuerdo para acabar con sus luchas intestinas. Eso es lo primero. Después, ya llegará la hora de entenderse con el vecino. Pero mientras, el pueblo se muere en vida.
Porque si sólo ayudamos a los que salen en la tele cada semana, acabaremos mandando sacos de harina, tiendas de campaña y medicinas solo a los concursantes de Gran Hermano.
lunes, 7 de marzo de 2011
A 110, HAY VIDA
Se confirma la tendencia. Vamos a menos, si. Pero eso no significa que vayamos a peor. Simplemente vamos a menos. A menos sueldos, a menos trabajo, a menos humos, menos alcohol, menos gasto, menos crecimiento y también a menos velocidad en la carretera.martes, 22 de febrero de 2011
MIEDO Y ESPERANZA

Pero hemos pasado del miedo a la preocupación crónica, las más veces, a la preocupación injustificada; como si estar preocupados nos alejara mágicamente de los malos presagios. Bien, los expertos en inteligencia emocional, como Goleman, creen que eso nos resta posibilidades ante el peligro. Estar agobiados sin descanso reduce nuestra capacidad cerebral y por lo tanto consume energías para estar alerta, para administrar el miedo como debe ser, con ilusión. Sólo así podemos alargar la Esperanza de vida. Y escribo esta palabra con mayúscula porque creo que viene al caso.
La Presidenta de la Comunidad de Madrid se ha sometido a una operación de cáncer de mama, detectado en una revisión ginecológica rutinaria. Es una de las muchas mujeres que saben gestionar el miedo y lo utilizan para su beneficio. Su cáncer ha sido detectado gracias a ese estado de alerta y no de preocupación inconsciente que padecen muchas mujeres que aún le tienen miedo (¿otra vez esa palabra?) a las revisiones mamarias.
Esperanza ha sido valiente, proactiva y ha demostrado una entereza como la que se espera de un personaje público. No fue fácil para ella decir: tengo que desaparecer de la circulación unos días porque me operan de cáncer. Pero no tuvo miedo a hacerlo, ni a operarse. Creo que hoy se merece todo nuestro cariño. Porque las personas conocidas son como los demás solo que no lo parecen. Y si algo se les puede exigir es estar a la altura de las circunstancias. Esperanza Aguirre así lo ha hecho y nadie de los que comparten o no su ideología o su adscripción política podrá negar la valentía que ha tenido para coger al miedo por los cuernos y usarlo como es debido. Todo irá bien. Hay Esperanza.
viernes, 28 de enero de 2011
NIGERIA, NACER EN PENA DE MUERTE
Texto: Ignacio Jarillo
Este bebé es pura vida. Acaba de nacer, pero más de 700 bebés y 150 madres mueren cada día en Nigeria por motivos evitables durante o después del parto. Y la amenaza de muerte de los seres humanos de esta historia se duplica en el norte del país. Porque Nigeria es parte de África, la tierra del todo o nada. Ser viudo o huérfano es el resultado de morir antes de ver nacer a un hijo o al poco tiempo de haber nacido.
Las gemelas Umia y Rokia sólo tienen 12 días y pocas esperanzas de vida. Amanecen bajo un techo de brezo y barro, en un suburbio de Katsina,
400 kilómetros al norte de la capital, Abuja, y patria chica del malogrado presidente del país, Umaru Yar´Adua, un líder enfermo cuya muerte, el pasado 5 de mayo, tampoco sorprendió a nadie en Nigeria. La madre de las niñas sabe reconocer a la muerte cuando ronda a sus pequeñas. Acuna a la primera de ellas en su regazo con la esperanza de que esta vez no ocurra. Waraka ha tenido 16 partos, pero el marido, Musa, no puede conseguir alimentos para mantener a tantos niños. Antes era un pequeño ganadero, ahora casi no puede alimentar a sus cabras. Su familia, como el 60% de la población nigeriana, se dedicaba a la agricultura, pero tras el hallazgo de yacimientos de petróleo, que generan el 20% del PIB del país, todo cambió a peor en Nigeria. Musa y los que son como él ya no cuentan para el Estado.
Waraka mece a su bebé Umia, muerta por desnutrición. Musa, su marido, sostiene a la gemela Rokia aún con vida.
Waraka dice que sigue viva para seguir pariendo porque su nombre significa suerte. Los hijos que le quedan juegan o dormitan entre la sombra de las acacias y la basura de las cabras amontonada junto a los muros de adobe. Waraka y Musa pasan las horas preocupados. Quizá haya que ir al hospital. Es casi mediodía y sus pequeñas se deshidratan. Rokia, la otra gemela parece aferrarse mejor a la vida.
Los cooperantes de Save the Children les ofrecen apoyo y alimentos. Este caso les resulta familiar. Les recuerda al de Uleima, una joven madre a quien visitaron hace unos días y que debe estar aún en el hospital. Sus gemelos nacieron con muy poco peso, en otro parto casero complicado que redujo aún más sus posibilidades de supervivencia. Al dar a luz uno de los niños ni se movía. Ya llevaba muerto un tiempo dentro de ella. Uleima salió de casa con la esperanza de mantener vivo al otro.
Cada día nacen 11.000 niños y niñas en Nigeria. Pero casi el 10% de ellos muere antes de los cinco años. La tasa de mortandad de bebés en Nigeria es la más alta de África.
Y es que en Nigeria la vida se abre camino a pesar del hambre, la malaria, el VIH o la tradición que impide a una mujer acudir al hospital para parir sin el permiso del esposo. La mayoría de las mujeres no tienen acceso al sistema de salud, ni pueden decidir su atención médica ante un embarazo.
Los cooperantes acuden ahora a casa de Aisha, una joven soltera que parió sola en la vergüenza de no tener marido que la sustentara. A pesar de ello, parió en casa con el apoyo de una matrona voluntaria. Las midwifes ofrecen una ayuda inestimable a una sociedad que no puede costearse una atención médica hospitalaria y además rechazada culturalmente. Utilizan todo tipo de hierbas medicinales para hacer las curas propias de un parto. Muchas de ellas acompañan a las madres con problemas a la clínica y allí continúan su labor en la cabecera de la cama. No tienen formación académica sólo la experiencia de haber asistido de jóvenes a multitud de partos de extrema dificultad y en pésimas condiciones higiénicas.
La niña de Aisha, Fátima, parecía sana, aunque le faltaba peso desde que nació la pasada semana. La puerta está abierta pero nadie atiende a la llamada. Con el calor sofocante de esas horas no debería haber salido, y menos con una recién nacida. Si no está es que algo pasa.
En la clínica Turi Yaradua de Katsina no es fácil para un fotógrafo de sexo masculino sacar fotos de las mujeres que llegan a punto de parir. Es complicado ganarse la confianza del director de la clínica y de las enfermeras, temerosos todos de incumplir las costumbres musulmanas. Pero, con la ayuda del grupo de Save The Children, por fin visitamos a Hafsat, veintiún años, recién ingresada con su pequeña. Sus ojos tiemblan empapados de tristeza cuando Hadiza, la hermana-enfermera, coloca boca abajo a la bebé. Pesa menos de dos kilos y, como nos temíamos, padece de espina bífida. Así lo revela la protuberancia que aparece en su espalda. Hafsat parió en su casa, estuvo a punto de morir pero sólo acudió a la Maternidad de Katsina cuando su marido regresó de viaje y autorizó el traslado.
Hadiza agradece a los cooperantes su labor de seguimiento pero suspira y reniega en silencio, desesperada. No le gusta que le hagan fotos pero nos anima cuando nos ve tan concernidos por lo que pasa. Son muy pocas enfermeras como ella en la clínica y tiene la sensación de ayudar siempre cuando es demasiado tarde.
Abandonamos el Turi Yaradua y cruzamos la ciudad por la avenida de Kofar kaura, una de las arterias principales, infestada de motocicletas con tres ocupantes abordo, zigzagueando entre camiones al calor sofocante del mediodía. A lo lejos se ve la mezquita de Katsina rodeada de jardines. Pero nuestro destino es el servicio de pediatría del Hospital Federal.
Con permiso del médico responsable de la planta, una enfermera nos invita a conocer a los pequeños huéspedes de la maternidad. Los que luchan sin saberlo contra la estadística del país. Así conocemos a Aminu y a su hijo de un año de edad Munir, que nos mira con la tristeza de haber sufrido el hambre desde mucho antes de salir de la tripa de su madre. Ella le acuna esperando que el pequeño coja peso cada día y puedan volver a casa. Munir parece perdido entre la ropita que le queda grande debido a la malnutrición de los primeros meses. La enfermera aprovecha el tiempo y se ocupa de pesar a Hasab, un retoño rollizo de más de dos kilos que acaba de nacer.
-“El gobierno de Nigeria es el que menos gasta en sanidad de toda África-, apunta Raquel Palmer, responsable de Save The Children en Europa-. Nigeria es el país africano con mayor índice de muertes de recién nacidos. Su voluntad política sigue siendo el principal escollo para mejorar la estadística. Es un problema más grave que el dinero, ya que la mayoría de las muertes que se producen al nacer son fácilmente evitables. Sólo el 1% de los niños duerme bajo mosquiteras tratadas con insecticida que les proteja de la malaria. Sólo una cuarta parte de los bebés deshidratados son atendidos convenientemente y apenas un 33% de los niños con neumonía reciben algún tipo de tratamiento”.
La maternidad, a pesar de todo, es un lugar lleno de vida, de pequeños corazones latientes y diminutos pulmones que se ensanchan para captar oxígeno aunque no siempre tengan una mano que les acaricie. Sin dejar la sala, captamos la imagen de otro prematuro al que todavía no han puesto nombre sobre la incubadora que lo protege de la dura vida que le espera. Cabe en la palma de una mano, pero duerme a sus anchas tapado con un pañal tan grande que le llega hasta su pequeño pecho. A pocos metros, en el paritorio la vida nace bajo control. En este hospital parece que nace un bebé casi cada minuto. No hay tiempo para la tristeza. Esa se queda en casa de las mujeres que cumplen la ley machista de parir sin ayuda médica.
Al otro lado de la sala, en el paritorio, se oye una extraña letanía. Como si alguien diera gracias al cielo. Es Malika, de 26 años que jadea agotada tras ver nacer a su bebé. Junto a la camilla aún encharcada, reposa casi desnuda. La niña que ha salido de su tripa está bien. Logró dar a luz en el hospital por la insistencia de su familia. Malika da las gracias a las enfermeras de pediatría y saluda asintiendo al equipo de cooperantes. Después se vuelve hacia la pared medio desnuda para evitar el objetivo de la cámara.
Nigeria es África en estado puro. Antes de convertirse en exportador de petróleo producía el 96% de su sustento. Ahora es uno de los países importadores de alimentos más pobres del mundo.
Volvemos a casa de Waraka, tras una jornada de seguimiento por los hospitales. Allí ya no hay tiempo para la esperanza, ni andan sobrados de suerte. Hay otras cosas más urgentes: preparar un nuevo entierro. Umia, la pequeña gemela, ha muerto mientras no estábamos; a los trece días de vida. Su madre, sentada a la puerta de su casa y rodeada por su familia, la tapa entre paños de vistosos colores y la llora como si fuera la primera que pierde. Musa, el marido, nos mira y enseña a la otra gemela a la cámara. Rokia ha cogido peso y saldrá adelante. No puede evitar una amarga sonrisa.
La pequeña es fuerte pero aún tiene que luchar. Está en la UCI infantil. Diagnóstico tardío: meningitis. La traditional midwife, que la ayudó a nacer, le lleva por si acaso un saquito de hierbas medicinales del puesto que regenta su marido en el mercado de Jibia, a 20 kilómetros de Katsina. Aisha se lo agradece con lágrimas en la mirada. La medicina tradicional de las matronas nigerianas es la más utilizada por los pobres, pero su instrumental para atender un parto, como esa cuchilla oxidada, daría escalofríos al hombre blanco.
Cae la tarde en el suburbio de Katsina. Hamballi, el vecino de Waraka, ha vuelto por fin a su casa de adobe. Sus tres hijos entran cabizbajos. Al volver del hospital todos llevan el dolor asumido en la mirada. No traen buenas noticias.
La madre dio a luz a dos gemelos, sí, pero murieron en el parto. Un día después ella murió también de una hemorragia que nadie supo atender con garantías. Se fue con ellos. Nada se pudo hacer. Fue tarde incluso para acudir al hospital. Hamballi prefería que los bebés nacieran como él, en casa. En Nigeria, la tradición dicta sentencia demasiadas veces. La muerte en África, como en todas partes, es enemiga de la vida, pero allí la vida es demasiado corta para darse cuenta de la muerte. Ya lo advirtió en sus versos el poeta africano.
“Aunque llegué al final del viaje,
Jamás sentí que hubiera llegado.”
(Wole Soyinka, Premio Nóbel nigeriano de literatura, 1986)
Fotos: Pep Bonet © , http://www.pepbonet.com/
Texto: Ignacio Jarillo ©

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