La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.(George Orwell)
BLOG DE PERIODISMO URGENTE
jueves, 29 de marzo de 2012
Esta Huelga también es "una putada"
jueves, 8 de marzo de 2012
ARTE ILEGAL
Sean o no artistas, antes que nada son mal educados. Como lo sería un actor interpretando su obra en mitad de un pleno municipal sin permiso; como lo sería un violinista que irrumpe tocando su instrumento en medio de un juicio por violación; como lo sería yo escribiendo estas líneas con rotulador negro en la primera página del Amadis de Gaula original.
jueves, 23 de febrero de 2012
Acoso escolar ¿público o privado?
En estos últimos días he tenido noticia de dos casos de acoso escolar (ahora se llama mobbing, tanto da) que me han conmovido especialmente. Uno lo padeció una niña de nueve años, en un centro público de la Comunidad de Madrid. Después de las investigaciones pertinentes, la dirección del centro habló con los compañeros culpables de hostigar y marginar a la pequeña y notificó a sus padres la sanción correspondiente. Los acosadores tuvieron que asumir su castigo y que el resto de sus compañeros supieran de su conducta reprobable. domingo, 22 de enero de 2012
TURISMO INTERIOR
martes, 20 de diciembre de 2011
MONSTRUOS DE NAVIDAD
miércoles, 14 de diciembre de 2011
DE PUENTE
Los madrileños más castizos y los que no lo son, utilizan la preposición ”de” como locución adverbial de modo, para definir un estado de ánimo temporal, que tiende a durar poco. "Aquí... de lunes" o "ando de bajón", son expresiones y, en el fondo, lugares comunes que utilizamos a menudo para que los demás comprendan nuestra manera de afrontar algo. jueves, 1 de diciembre de 2011
INVIERNO POCO HECHO
Aún está por llegar pero ya se acerca. Será una época larga, unos días oscura pero otros, amanecerá luminosa, radiante y fría; ese frío seco que nada tiene que envidiar al húmedo de la costa, menos apetecible en esta época del año. viernes, 11 de noviembre de 2011
EL HOMBRE MANSO
Los alemanes necesitan 343 horas menos para hacer lo mismo. Y la OCDE nos recuerda como siempre: también somos los menos productivos.
Nos sobran horas en la oficina, aunque debemos poner en nuestro haber las virtudes de los españoles en el trabajo. Muchas de ellas son inmejorables, nuestra capacidad creativa, nuestro impulso inicial ante un nuevo proyecto, la generosidad, el compañerismo, la solidaridad, el ambiente en el trabajo. Pero también debe reconocerse nuestra afición a la calle, al encuentro, a salir a tomar algo después de trabajar e incluso antes de terminar. Ahí falla algo.
En España no superamos el 5% de teletrabajadores. Cuesta irse del trabajo. Y en nuestro país las únicas que acuden sin perder un minuto a casa son las mujeres, casadas o no. ¿Porque son más europeas? No, según estos estudios, porque administran mejor su tiempo.
¿Se imaginan una España gobernada por madres directivas en la proporción de hombres que hay ahora?, ¿todavía creen que estaría la luz de la oficina encendida a las ocho de la tarde? Ya sé que no tiene por qué ser una cuestión de sexo. Bueno, atendiendo a estos indicadores, un poco sí.
martes, 25 de octubre de 2011
LA EMOCIÓN VASCA
El nacionalismo no es una idea política, es un sentimiento. Una pasión que engloba a las cuatro emociones universales: la tristeza, la rabia, el miedo y la alegría, según el manual de psicología moderna. el nacionalismo nace sin nación previa, de la mente de alguien resentido con la vida, pero es legítimo.
Decía Jon Juaristi, antiguo miembro de la ETA más histórica e idealista, ex director de la Biblioteca Nacional, escritor y autor del ensayo El Bucle Melancólico (Premio Nacional de Ensayo 1998), que la nación no preexiste al nacionalismo. En el caso del País Vasco, eso es tan cierto como histórico, que nunca existió un estado, país o nación vasca más de lo que existe ahora. Euskadi, Euskal Herria (con las tres provincias francesas Lapurdi, Benavarra y Suberoa), La Gran Vasconia (no quieran saber hasta dónde puede llegar) o Vascongadas (como lo llamaba Franco y curiosamente ahora Bildu) son un concepto moderno forjado legítimamente en los últimos 100 años, pero carente de historia real. En todo caso hay que respetarlo porque el nacionalismo nace así, sin nación previa, casi siempre de la mente de un resentido con la vida, con alguien cercano, sus padres, su familia, su entorno.
el nacionalismo es una emoción y las emociones se sienten, no se someten a votación.
Tenemos ejemplos sobrados en la historia. Nace de una pena individual (o sea, de un hombre quizá maltratado) que se lamenta de no haber sido feliz y por eso crea la nostalgia de lo no vivido, y su vida se convierte en un aullido contínuo a la luna que nunca le deja mirar hacia adelante. Nace de una melancolía que tanto daño le hace a él, individuo promotor de esa nostalgia, como al colectivo al que subyuga.
De pronto, muchos quieren ser así, nacionalistas. Y con el paso de los años ese sentimiento de tan fácil arraigo acaba extendido como una verdad casi incuestionable. Sin embargo, es legítima. Todos podemos decidir ser algo nuevo de repente. Los demás deben asumirlo, respetarlo. Sobre todo si cada uno defiende su idea en la plaza pública, abierta y democrática que es nuestra sociedad. Otra cosa es que la mayoría de los que acude a votar a dicha plaza acepte los deseos de los que tienen ese sentimiento. Eso es la democracia , pura razón: defiendo mis ideas y si no logro los apoyos, acato la mayoría y ya volveré a intentarlo al día siguiente (o cada cuatro años).
del nacionalismo primero nació la nostalgia por lo que podría haber sido y no fue, provocando una pena crónica.
Todo eso acurruca y reconforta al colectivo y a su líder; toda esa mitología lo defiende de los hostiles amenazantes, como un imago protector, allende los montes. Emocionante, sin duda, incluso para alguien de fuera. Y desde Arana Goiri hasta nuestros días ese sentimiento ha ido pasando por las cuatro emociones fundamentales:
La tristeza: porque del nacionalismo primero nació la nostalgia por lo que podría haber sido y no fue, provocando una pena crónica. Esto es quizá el patrón más extendido contra en el que trabaja a diario la psicología universal para curar a sus pacientes. Y todos los terapeutas coinciden en que estar triste por lo que nunca fuimos no nos deja mirar al futuro, nos atasca, nos retrae, nos impide socializarnos y hace que veamos en el otro a un enemigo con el que nada debemos compartir. En la tristeza entramos en una queja perenne, en ese bucle melancólico al que nos habituamos y del que nunca nos atrevemos a salir, sobre todo porque ya estamos acostumbrados a él.
La rabia: seamos sinceros, ni la república ni especialmente el franquismo ayudaron mucho a contenerla. Fue más bien una larga mecha de casi cuarenta años que necesitaban los melancólicos para hacer estallar por las bravas su proyecto. Esa rabia contenida se extendió a mordiscos y los contagiados echaban espuma por la boca hacia una España tan obsesionada por la unidad como Franco, otro melancólico de tan dura infancia como Arana. Otro alma ofendida que se lamentaba de que la nación en la que vivía no estaba tan unida como la que llevaba dentro. Pero esa unidad española era un subterfugio, una manera de querer ser dueño de toda España, cuanto más unida, más suya. Lo mismo le pasó al dictador alemán, al italiano, al ruso, al cubano, al argentino, al iraquí, al tunecino, al libio. A todos les pudo la emoción. Y eso siempre tiene un coste que debemos de aceptar.
todavía pagamos su rechazo, su odio, sus ganas de irse. Aquella España franquista todavía no deja respirar a esta.
La España del Movimiento despreció a Euskadi, a su lengua, a su historia y somos nosotros, sus nietos, los que les miramos perplejos diciendo: ¿cuándo se os acabará la rabia, cuándo empezaréis a querernos?. Nuestros abuelos os hicieron daño, no nosotros. Por eso pagamos todavía su rechazo sempiterno, su odio, sus ganas de irse. Reconozcámoslo, aquella España franquista todavía no deja respirar a esta. Y en plena decadencia de la dictadura, cuando a los muros del régimen empezaron a salirle ratas por las grietas, apareció la tercera de las emociones universales:
Tras más de ochocientos muertos y más de cuarenta años, casi otra dictadura, de guerra sin cuartel (a veces sucia), ETA acaba acorralada. Pero su lucha no ha sido en vano y su posible adiós a las armas puede que tampoco. La banda terrorista se sabe derrotada, asfixiada incluso por los suyos, que parecen decirle: sé lista. La muerte ya no vende como antes entre los nuestros y ahora lo que toca es usar la palabra, jugar a su juego, a la democracia de la plaza pública. Vamos a demostrarles que ya no necesitamos pegar tiros para ganar voluntades y en el peor de los casos les diremos:¿veis cómo sin muertos tampoco nos dejáis ser independientes? , y si no nos dejan siempre podremos empezar de nuevo, volveremos a la tristeza, de ahí a la rabia, de la rabia al miedo y del miedo a... ( de nuevo el bucle melancólico). Pero estamos contigo. Lucharemos por la independencia". Eso parecen decirle a ETA.
Que cada uno defienda lo que quiera hasta conseguirlo... o no. Y si es no, saber aceptarlo razonablemente.
La alegría: esta sí nos llega a todos. A unos porque respiran aliviados y a otros porque de antagonistas pasan a ser protagonistas, o sea que siguen teniendo un papel estelar en esta película. La alegría es alegría en todo caso. Disfrútela cada cual como quiera. Antes se mataba y ahora ya no. ¿No merecen un premio los vascos por haberlo arreglado? Sinceramente, puede que sí. Pero el premio debe ser vivir en paz, acostumbrar a esa gente oscura a levantarse por las mañanas e ir a trabajar, no otro. Más tarde, acudir a la plaza del pueblo y proponer sus ideas por imposibles que sean, incluso sus ansias de independencia una y otra vez. Que cada uno defienda lo que quiera hasta conseguirlo... o no. Y si es no, saber aceptarlo razonablemente. Dejar la emoción que tanto daño les ha hecho y mirar hacia su futuro individual, a la prosperidad de su familia, no tanto a la de una nación vasca, gota de agua en Europa, que quizá sólo es un pretexto demasiado universal para no ocuparse de uno mismo.
Hay alegría, si, pero no para todos. No para las víctimas que merecen al menos saber que los que mataron pagaran su pena. Hay alegría, si , pero a mí se me acaba donde empieza otra vez la tristeza. No la mía, la de Ermua, Vic, Zaragoza, Vallecas y ...¡ciudado!, ¿lo ven?, casi no me doy ni cuenta y caigo yo también en el bucle melancólico. Estén alerta, puede atraparnos en cualquier momento. Por mi parte, sólo ha sido un instante de emoción.




