La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír.(George Orwell)


BLOG DE PERIODISMO URGENTE



sábado, 13 de marzo de 2010

SCARLET, EL TRAVESTI DE JUGUETE



FOTOS, Pep Bonet (c)
Texto: Ignacio Jarillo
Un reportaje publicado en interviú



“Recién cumplo 12 años. Mi nombre es Escarlet Rubí, mi nombre artístico, claro. Mi nombre verdadero es Jorge Javier. Cuando tenía cinco años ya andaba por la calle. Conocí a un vecino mayor con el que empecé a tratar. Él me dijo que íbamos a jugar al papá y a la mamá. Ilusionado le dije enseguida, ¿quién va a ser el papá y quién la mamá? -Vos vais a ser la mamá-, me dijo. -Y ya sabes que los papás y las mamás tienen relaciones ... Entonces él me infringió su pene en mi trasero. Ahora que ya soy grande lo odio, lo detestó, por haberme arruinado la vida. Aquello se repitió y ya con diez años me iba al río a tener relaciones con los hombres, a escondidas de mi mamá. Después fue cuando conocí a los travestis. Yo ahora les digo a los niños travestis que se queden en sus casas y que no estén en la calle porque la calle no trae nada bueno. Yo he sufrido mucho, como nunca ha sufrido un niño. Tengo una mente tan mayor que me siento como un viejo”.



Más de 10 millones de niños y niñas se ven obligados a prostituirse, y la cifra aumenta entre 1’5 y 2 millones anualmente.


Pobreza, ámbito familiar destruido, abandono, adicción a las drogas, rapto, prostitución, infección por VIH, marginación y muerte. Final de trayecto. El abuso sexual a niños en la calles de las ciudades de Centroamérica transcurre impune cada día al margen de la ley, al calor de la miseria o de las redes organizadas que millones de turistas aprovechan para practicar sexo con la infancia más desprotegida. Esta vez es Honduras, pero podía haber sido El Salvador o incluso Colombia, Brasil o Argentina. Siempre hay un niño al que robar la infancia desde el primer día. Aunque el niño que vamos a conocer es especial por eso, porque lo conocimos. Porque tiene un rostro... bueno dos.



UN TRAVESTI DE JUGUETE

El niño va descalzo por el piso de baldosas. Una habitación de paredes llenas de mugre y pintadas, de un edificio cualquiera del barrio de El Paso.
Se sienta sobre una silla crujiente junto al jergón donde descansa Morelia, su mentora y amiga travesti de toda la vida. Alguien a quien quiere bien pero que no deja de ser la encarnación del futuro que le espera. Javiercito lleva un tejano raído y una camiseta de algodón descolorido que cuida de no quemar con las cenizas. Fuma marihuana en caladas propias de pulmones expertos. Es un niño alegre cuando habla. Su voz es una mezcla amanerada de tonos femeninos adultos e infantiles que sobrecoge cuando explica lo que le hacen los clientes. Cuesta creer que cada frase que pronuncia salga de su experiencia. En un castellano abundante y lleno de recursos casi nos hace olvidar que sólo tiene doce años. Pero su mirada oscura delata el estigma de la madurez prematura. Sus ojos negros hace tiempo que no brillan, cansados de haber visto ya todo lo malo.



La Convención de los Derechos del Niño, el marco legal más ratificado internacionalmente, tiene ante sí la misión más difícil: devolver a esta infancia la edad de la inocencia.



El perfil de Scarlet Rubí coincide con el de la mayoría de los niños prostituidos: desde los cinco años sufrió abusos por parte de hombres y ahora no esconde su homosexualidad, que al final, le permite seguir ganándose la vida en Honduras, territorio abonado para la prostitución de menores que aprenden a ser juguetes sexuales travestidos para clientes de todo el mundo. San Pedro Sula, Tegucigalpa, Puerto Cortés, Comayagua y La Ceiba, son ciudades que cierran el primer círculo de este infierno infantil que acaba con una generación detrás de otra. Para ellos, la Convención de Derechos de la Niñez de Naciones Unidas es sólo una frase larga.


P: ¿Cómo empezó tu vida en la calle?
-Yo primero viví en una colonia que se llama Villanueva. En mi casa nadie me discriminaba porque no sabían que yo era homosexual. Pero sí tenía mis amistades que eran gays y sabían que yo era gay y no le contaban nada a mi mamá ni a mis hermanos. Una vez me llevaron a una casa y estuve allí varios meses. No conocía San Pedro Sula hasta que unos chicotes me trajeron. Mi mamá sufrió mucho hasta encontrarme. Se que me quiere y se preocupa por mí. Yo a veces también me preocupo por ella, aunque a veces no. Ahora ya no puedo cambiar salvo por la ayuda de Dios o la de mi mamá-.

Queda poco para volver al trabajo. Cansino, saca su ropa de faena de un cajón para transformarse en un juguete para adultos. Empieza a desvestirse sin pudor y se mete a la ducha. Bajo el chorro de la cañería dedica a la cámara su sonrisa más femenina. Morelia le mira con ternura. Javiercito es su niña bonita. Le seca con una toalla blanca y se ocupa de ir maquillándole el rostro. Después se ajusta un culotte color pistacho que empieza a dar forma a su delgada figura. Vuelve a dar unas caladas y de nuevo sonríe a la cámara muy profesional, como una artista de cine. Es su pequeño momento de gloria. Javiercito todavía habla como un niño.

- Yo de pequeño me vestía como los chicos. Después me hice cada vez más homosexual y sentí la necesidad de cambiar de aspecto. Eso fue cuando conocí a los travestís que me fueron “instruyendo”. Lo hicieron tan bien que enseguida me llevaron a prostituirme más a las calles. La primera vez me acompañaron. Fue con Meraz, un amigo travesti que me metió a andar en una zona que llaman el Tamarindo. Yo no me podía maquillar ni nada de eso y él me maquilló, me vistió de mujer. Cuando empecé sentía como un temor que... usted sabe que al primer mes uno se siente temeroso porque no se sabe cómo son los destinos de la calle, no sabes lo que puede ocurrir. Puede ocurrir un choque, una violación o me pueden matar o me pueden dejar botado en donde sea. En esa primera salida gané 500 lempiras ( 17’50 euros), que ese día repartí mitad y mitad con aquel travesti y fuimos a comprar droga. Una droga que se llama la piedra, el residuo de fabricar cocaína que es la droga más discriminada en Honduras, ¿sabe?. De ahí me fui haciendo drogadicto. Con once años ya inhalaba pegamento Resistol, fumaba cigarrillos y marihuana y también fumaba rociado, cigarrillos de marihuana mezclados con cocaína. Después empecé a snifarla. Más tarde conocí a varios amigos, a Morelia, a Tonina, a Salomé, a la Gorda, a Deborah, a todos...-

Mirándose al espejo, empieza a pintarse unos labios carnosos, que va tiñendo de fresa, para espantar el sabor a látex barato de los preservativos.

P:¿Cómo fue tu primera vez?
La primera salida que hice yo sola fue de 300 lempiras. Salí con un hombre que me llevó a un Motel, El Sauce. Yo jamás había ido a un hotel porque recién empezaba a andar en la calle. Apenas tenía 10 años. Yo salía vestida de hombrecito como un niño, con calzonetita corta, ¿cierto o mentira Morelia?... (le pregunta a su amigo travesti, que sonríe complacido). -Hasta entonces salía sólo con taxistas porque ningún cliente sabía que yo me andaba prostituyendo. A los tiempos me fui vistiendo de mujer, me fui pintando, , comprándome mis cosas de mujer, mis maquillajes, mis tacones, fui saliendo a la calle, fui conociendo bastantes clientes que a no más verme se impactaron como viendo algo que nunca han visto. Aquella primera vez se paró un carro negro, como gris, abrió el vidrio, me llamó y me dijo:
- ¿cómo te llamas?
- Scarlette Rubí, le dije.-
- ¿Andas trabajando vos también?, -sí le dije yo.
- ¿Cuánto cobras por un sexo oral?
- 300 lempires.
- Subíte-, me dice,- vamos a dar una vuelta.

Me subí. Yo me perdía en aquél asiento que tan grande era. Me quedé impactada porque era la primera vez que me subía a un carro. Entonces me llevó tranquilamente. Él era drogadicto, era narcotraficante que pasaba droga en avionetas. Me contó toda su historia mientras estuvimos en el hotel. Me dijo que yo era demasiado pequeña para que anduviera en las calles, que si podía me iba a ayudar con algo de dinero. Pero jamás lo hizo... era pura mentira lo que el hombre decía. Sólo lo decía para abusarme más. Entonces después de correrse decía que no podía, que sólo podía darme 300 lempires. Solamente me quería para abusar de mí. Yo ya sabía esto: Que jamás un drogadicto le va a ayudar a un menor de edad como yo. Después tuve los problemas con la policía, que me llevaban a cada ratito. Me internaban en cualquier centro del que salía de nuevo a la calle.


Cada año más de tres millones de personas buscan sexo infantil en sus viajes de placer.




P:¿La policía Abusó de tí? Ninguna vez abusaron de mí, porque sabían que yo era un menor de edad y no me podían tocar. Pero a veces me maltrataban aunque yo no me dejaba y si lo intentaban yo amenazaba con denunciarlos. Morelia le mira como animándole a contar toda la verdad.
-Bueno, una alguna vez sí salí con un policía.

P:¿Tuviste relaciones con él? Sí, tuve relaciones con él pero mira, sólo por encima porque Ji, ji...recuerdo que cuando le tocaba..., como decimos por aquí ¡ni se le paraba!

P: ¿Y la policía municipal... te ha agredido? No, bueno la policía municipal sólo cuando me llegaba al bulevar me agarraban y me llevaban a la “satélite” a dormir toda la noche. Me metían en la bartolina a limpiar aseos. Y tampoco es justo que me llevaran a dormir a una posta toda la noche, sabiendo que soy un menor de edad, sin cama donde dormir. Yo necesitaba ayuda y en vez de ayudarme me hacían un mal.

P:¿Nunca te golpearon en el centro de menores?
No, nunca me maltrataron, más bien yo los trataba de “matar”, ja, ja... Cuando yo llegaba drogada al centro me agarraba de unas celosías de la ventana y les ponía así las manos en el cuello para que me dejaran salir. Es que ahí dentro había unos “burros” grandes que lo trataban de golpear a una. Y usted sabe que yo ya soy viejo de andar en la calle y ellos no pueden darle escuela a uno, no son gente de la que puedas aprender. Recuerdo que un día yo quería matar a uno de ellos, pero como llegó el director y me quitó de la celosía al final no lo maté- dice con gesto fanfarrón.

P:¿Cómo era el ambiente de dónde vivías?
Donde yo vivía es una colonia en la que sólo hay problemas. Un patronato peleando contra otro patronato por los territorios desde 1998. Ahí moría mucha gente. Aquí en San Pedro Sula vine a vivirme a una cuartería, entremedio de todas las “maras”, del 18. Todos los días había pleitos. Se agarraban armas, se golpeaban, bebían, se drogaban, llegaba la policía a decomisar drogas. Cuando llegaba la policía a media noche se escuchaban aquellos disparos, aquellos pleitos, aquellos machetazos. Yo me sentía nerviosa porque decía yo ¿a qué horas... a qué horas van a abrir la puerta de mi cuarto. Me van a sacar y me van a golpear?

P: Y con la cantidad de mareros y de prostitutas que pasaban por ahí en esa cuartería cuando llevabas dinero encima, siendo todavía un niño... ¿no tenías miedo de que te lo quitaran?
Cuando yo salía a la calle y salía con clientes llevaba dinero en la cortilleja,, pero jamás me quitaron un centavo. Bueno a veces sí, cuando estaban drogados, y otros mareros sí, me quitaban el dinero, pero no tanto. Me quitaban unos 100, 200 o 300 lempires, pero yo siempre llevaba mis 2000, mis 1500 y no... bueno, 200 o 300 lempires para mí no eran nada, porque yo me los rebuscaba por cualquier otro lado. Pero mis conocidos, no me robaban. Es más, me ayudaban a economizar mi dinero porque yo estaba muy adicta a la droga. Ellos me ayudaban más bien a no vendérmela porque era un menor de edad. Me ayudaban y me decían que comprara ropa y calzado y comida. Que ellos no me iban a vender droga a menos que ellos estuvieran ya “endrogados”, pero que ellos jamás me iban a vender un gramo de coca, ni de piedra, ni de marihuana. Me habría arruinado.

Javiercito saca de una bolsa una larga peluca de cabellos castaños lisos que se coloca enseguida dando vida poco a poco al travesti de juguete en que se convierte cada tarde. Se tumba en la cama de nuevo y monta una pierna sobre otra para mirar al objetivo, en un gesto sensual que da sentido a su nombre artístico, como ella dice.

P: ¿Y en la calle te han agredido?
No, yo he salido con bastantes clientes y jamás, jamás... hace dos años que ando en la calle y jamás han abusado de mí, jamás me han puesto una pistola, jamás me han puesto un cuchillo, porque me miran y me ven chiquito. A bastantes travestis sí les han puesto pistola, los han baleado, los han apuñalado, pero como yo soy un niño todavía no me hacen nada... ay, pero ya cuando crezca parece que sí voy a ir viendo que las cosas se van poniendo más así, más problemáticas. Ahorita soy un niño y la gente no más me puede tener lástima.


Morelia vuelve a mirarle con gesto de reproche para que se sincere de verdad.

-Bueno, una vez sí me han cacheteado los culeros, no más que tres veces, pero nunca más me han vuelto a cachetear, porque las cacheteadas son las “bienvenidas”, las novatadas, que dicen. De ahí nunca he vuelto a tener pleitos con ningún hombre. Sólo esa vez que tuve ese problema con Meraz, el hombre del Tamarindo, porque yo andaba bebida. Usted sabe que cuando uno anda bebido no sabe lo que anda haciendo, no sabe lo que es el mundo. Uno no se acuerda de nada, ni de que tiene familia. Sólo anda exponiéndose a que lo maten, a que lo apuñalen, a que lo violen.
Lo peor es cuando confías en gente extraña de mucho dinero. Yo antes no conocía lo que era una casa por dentro, tan bella, tan preciosa, cuartos, hoteles... todo eso fui conociendo. Fui aprendiendo lo que es la vida, qué es lo bueno, qué es lo malo. Ahora ya tengo doce años y a veces creo que mi mente ya está avanzada como la mente de una persona que ya tenga veinte o veinticinco años, porque he sufrido mucho. He sufrido golpes de mucha gente cuando andaba drogada y he sufrido maltrato en las casas. A veces hay clientes que me dicen que me vaya a sus casas, que voy a vivir bien con ellos. Al principio lo reciben bien a una y luego, a los pocos días, le tratan como a un perro.

La pequeña Scarlet va apareciendo poco a poco, mientras el niño Javiercito se desvanece. Ahora se ajusta un sujetador blanco con relleno para dar volumen a sus pechos y una minifalda a juego de talla 12. Con su mejor cara de vicio, vuelve a posar ante la cámara, tumbada fumando sobre las sábanas que se enredan en unas sandalias acharoladas de tacón alto. Se olvida de lo que está contando y mueve los hombros y las caderas preparada para gustar al primer cliente de la tarde. Sabe moverse como una actriz, ensayando entre bambalinas los gestos provocadores que atraigan a los turistas de la calle.

P: ¿Y Las compañeras travestis, algún día te han golpeado? Sólo esa vez que me pegó Meraz, el travesti, para robarme 50 lempiras.. Desde entonces ningún culero me ha asaltado a mí. Y eso que he hecho muchas salidas. He salido con clientes y dicen todos que soy una niña excelente ... en todo. Yo no se por qué me dicen eso, si apenas vengo naciendo.

P: ¿Y los clientes, alguno te ha querido maltratar?
Una vez sí, un hombre, en lo que andaba en la calle yo, me quiso golpear, pero no lo consiguió porque los demás travestis me defendieron. Yo era muy pequeña.
Morelia, vuelve a refrescarle la memoria: -¿Qué pasó una vez cuando estábamos teniendo relaciones a la par vos con un hombre y yo con otro cliente... ¿te acuerdas cuando el cliente te agarró a la fuerza y te quiso penetrar?

-...Ah, fue una vez que yo andaba así, medio bebida y me salió un cliente y entonces me jaló a la fuerza, pensando que yo estaba virga, pero no me dejé. -¡Ya estoy hasta los “cocos”!-, dije. Y entonces empecé a gritar para montar el drama y que me ayudaran, y empecé a gritar ¡ayyy!!, dije ¡ayyy Morelia, Morelia! Y entonces el hombre me soltó y Morelia le hizo soltarme también, porque... ohg, fue un show que jamás se me va a olvidar.

P:¿Cómo es un día normal en tu vida de niño travesti? Cuando estoy en la calle me paro en una esquina y se paran carros a montones. Por relaciones cobro 500 lempiras, por sexo oral 300 lempiras. Los hombres que me buscan me dice que soy muy barata. Después me llevaban a los moteles en sus coches y allí me desnudaban y empezaba a trabajar, yo además les hacía el espectáculo, les hacía lo que me pedían y me decían que les fascinaba cómo era. Tenía tantas salidas que a veces no podía repetir con el mismo cliente.

P: ¿Qué clase de clientes tienes? Bueno, los clientes que yo he tenido han sido nacionales y también mucho extranjero. Me han llevado a pasear a playas. He dormido en Moteles muy carísimos. Soy un niño que ha viajado por todo Centroamérica, por Honduras, en Tegucigalpa, pero también en Guatemala, El Salvador, Trujillo, Oranchito, descubriendo cosas, descubriendo cómo existe la pobreza en Honduras y ayudando a las personas que podía. He visto cómo sufren otros niños y cómo sufren cuando no tienen nada que comer, apenas tortilla con sal.

P: ¿Y qué es lo que te piden los clientes?
Ay, los clientes me piden sexo oral, mamadito rico, un pisadito, y que restriegue mi pene contra el suyo, penetraciones,. Ahhh, yo ya se lo hago rico para que se complazcan y otra vez me busquen... sólo a mí- . Scarlet se ríe sacando todo el encanto erótico que pueden sus diminutas curvas. -También me encanta de todo, hacerles todos los movimientos. A veces me pedían hacerlo sin condón y yo les decía que eso no, que me dejaran en la esquina de la siguiente calle.

P: ¿Nunca lo hiciste sin condón?
Eh...nunca, siempre he usado, aunque cuando los hombres me dicen que no lo use yo les digo que sí. Yo me meto el preservativo en la boca y sobre la boca yo le voy metiendo el preservativo en el pene. Sólo una vez me parece que lo hice sin condón- dice avergonzada.
-Fue con un burro millonario en Río Piedras, que se paró ahí. Yo estaba solita, era un domingo, estaba cerrado el parquecito, me hizo así una seña, para qué me viniera para acá. Me llevó a un cuarto grande. Por hacerlo sin condón me dio 500 pesos.
Su amigo travesti Morelia lo mira compasivo. No puede evitar la pregunta:
-¿Sabes que por muy millonario que fuera el que te pidió que no usaras preservativo podría estar infectado?
-No lo supe entonces, pero a los días me hice el examen, porque fui a la Cruz Roja.
-Pero a los pocos días no es suficiente, se hace a los seis meses...
-Ya, bueno de ahí, como ya empecé a andar en la calle, me hice la prueba con la Episcopal como al año, culero. Acuérdate, en la gasolinera... y salí sin VIH- , responde, satisfecha de su suerte.

Scarlet Rubí está preparada. Ahora Javiercito es sólo un recuerdo de la vida que lleva por la mañana. El travesti de juguete termina de colocarse un top oscuro ceñido sobre sus hombros que giran al capricho de su peluca. Sus delgadas piernas salen estilizadas y aún huesudas de la minifalda blanca. Una última mirada en el espejo le devuelve la autoestima. Está realmente guapa. Cae la tarde en las calles de San pedro Sula y su esquina volverá a estar ocupada. Desde la ventana del cuarto, Morelia y Gladis lo ven caminar hacia el cruce. Esbozan una sonrisa casi de orgullo por verla ahí solita esperando a un cliente, su niña bonita. Al instante no pueden evitar sentir lástima. Ambas saben que la vida de un niño travesti acaba como los juguetes rotos, tirada en cualquier calle.

Sin la edad de la inocencia

La explotación infantil es una práctica que genera más de 10.000 millones de euros al año, el tercer negocio ilegal más lucrativo, después del tráfico de drogas y el de armas, según los datos que manejan UNICEF, Intervida o ECPAT, la Asociación Mundial contra la explotación y la pornografía infantil. Sudeste asiático, Sudamérica y Centroamérica son las zonas más afectadas. El tipo de cliente suele ser varón de entre 30 y 65 años, procedente de países desarrollados, especialmente, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido Australia y Japón. El próximo 25 de noviembre se celebra en Río de Janeiro el III Congreso Mundial contra la explotación sexual de niños y adolescentes, con más de 3000 invitados de 170 países de los cinco continentes. Sobre el panel central de discusión se expondrán los peores datos de la historia de la prostitución infantil.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Aún no puedo creer un testimonio tan espeluznante. Gracias por darme a conocer el horror de la miseria humana. Carl. G.H.

Anónimo dijo...

Pero esto es increíble. Dios, que historia. Casi no la termino de la pena que me ha dado leerla. S.

Anónimo dijo...

Pero esto sólo es el reflejo de una sociedad occidental enferma, desocupada y que no tiene valores, que no cuida ni a sus menores ni se ocupa de reeducar a quienes padecen trastornos sexuales. La pederastia y el abuso de menores prostituidos está por todas partes, hasta en la iglesia de Dios.Ha sido duro leerlo hasta el final. Infame. Carol

Anónimo dijo...

NO hay palabras, no. Me he quedado muda leyendo una historia tan dura. ¿Cómo vive ese niño?, ¿cómo puede haber gente así. Hay hombres que no merecen vivir.

Unknown dijo...

quizas si pensaramos como animales no areiuan lo que estan haciendo con los niños ejemplo miren como cuidan los animales asus hijos tu arias eso prefiero que me quiten la vida pero no lo permitiria aunque es una historia dificil de creer si somos hermanos poque nos matamos

Unknown dijo...

quizas si pensaramos como animales no areiuan lo que estan haciendo con los niños ejemplo miren como cuidan los animales asus hijos tu arias eso prefiero que me quiten la vida pero no lo permitiria aunque es una historia dificil de creer si somos hermanos poque nos matamos